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 DBM Universo 16 Capítulo 14

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MensajeTema: DBM Universo 16 Capítulo 14   Dom Jun 30, 2013 5:55 pm

Capitulo 1: El Gran héroe Vegetto

Su primera misión importante

Los Kaioshins les habían indicado a los Kaios, que habían indicado a los dioses de los planetas, que si algo de una fuerza inimaginable requería una intervención, si se necesitaba un milagro, entonces podían pedir la intervención de la jerarquía superior.

Esa petición podía resolverse por la intervención de Vegetto.

Ya había hecho algunas misiones, y en los planetas más accesibles al resto del universo, comenzaban a oírse rumores sobre aquel extraño guerrero.

Pero ese día, el Supremo Kaiosama le habló de un gran problema en una encrucijada de planetas en el universo, a donde muchos diplomáticos y dirigentes acudían a menudo. Muchas confederaciones y partes de imperios se reunían allí para discutir de comercio y mantener relaciones no violentas.


- Se trata de un gran palacio, donde había mucha gente muy importante, representantes de territorios enormes.

- Sí, asintió Vegetto que sin embargo nunca había oído hablar ni del planeta ni de su palacio.

- Es un grupo de anarquistas, proviene de los antiguos ejércitos de King Cold y quieren restaurar el imperio. Algunos son guerreros de un ki de varios miles de unidades.
- Sí, dijo Vegetto bostezando.

- Estamos hablando de casi un centenar de terroristas, tomando como rehenes a más de un millar de inocentes, en un palacio de alta seguridad que tienen ahora bajo su control.

- Ajá.

- Explosivos por todas partes, detectores, y fanáticos con un cuchillo o una pistola, dependiendo de su especialidad, bajo la garganta de la gente constantemente.

- Ok.

- Piden...

- Da igual lo que pidan. No lo van a conseguir.

El Supremo Kaiosama no dijo nada más y Vegetto lo tomó como un permiso para ir allí. Se teletransportó al mencionado planeta, directamente enfrente del palacio en cuestión.

Este último estaba rodeado por un ejército completo al acecho. Una gran tensión prevalecía. Vegetto encontró lo que parecía ser un jefe y se fue a verlo.

- Es... ¿Es usted Vegetto? Me dijeron que podría sacarnos de ésta, pero debo advertirle que...

- Sí, sí, dijo Vegetto. No se preocupe. ¿Tiene una cárcel vacía a mano? Para que meta allí a los terroristas.

- Está... está la penitenciaría, pero está lejos de aquí...

- Sáqueme un mapa y muéstremela.

Cosa que hizo el jefe con impaciencia. Vegetto dedujo el lugar a donde se debía teletransportar, tocó a su interlocutor, y se encontraron en la prisión federal.

El militar utilizó su autoridad para enseñar a Vegetto celdas vacías, algunas de las cuales serían capaces de retener a los que eran bastante poderosos. Vegetto pidió a los guardias que cerrasen con doble vuelta todas esas celdas y que esperasen verlas llenarse, y luego regresó al palacio.

Obviamente, el edificio estaba protegido por un campo que le impedía detectar el más mínimo poder. Qué se le iba a hacer. Se teletransportó al interior.



Una alarma se disparó. ¡Un intruso! dijo un guardia en la habitación donde todas las cámaras transmitían imágenes. Pero antes de que pudiese decir nada más, el intruso estaba detrás de él, le tocó y se teletransportó de nuevo. El guardia se dio la vuelta a gran velocidad para dar un puñetazo, ¡pero no hizo más que barrer el aire antes de darse cuenta de que estaba en una celda!

Una docena de sus seguidores se encontraron teletransportados uno por uno en la misma celda, algunos incluso con los brazos todavía en la posición para sujetar un rehén, excepto que este último se había quedado allí.

Se miraron con aire estupefacto.

Un minuto más tarde, todo estaba resuelto. Vegetto también había tenido que aplastar algunas armas automáticas pero, por lo demás, ningún problema.

- ¡Fácil!

Ante el asombro del jefe de los guardias de la prisión, Vegetto le describió rápidamente cuáles de los nuevos presos eran los más peligrosos. Satisfecho de sí mismo, estaba a punto de irse cuando sintió una extraña sensacion. Se teletransportó inmediatamente hacia el terrorista en cuestión, lo agarró, y se teletransportó de nuevo.


- ¡Mueran!, exclamó el líder de los fanáticos, pulsando el botón de un pequeño mando a distancia.

- Hum, no va a funcionar aquí, amigo, respondió Vegetto.

Estaban en un bosque y era plena luz del día en lugar del anochecer.

El jefe miró a la izquierda y a la derecha.

- No busques, estás en otro planeta. Estoy seguro de que tu mando a distancia no tiene alcance hasta aquí. ¡me has dado un susto, sabes! Menos mal que tu agresividad subió de repente y sentí ese cambio junto con una gran satisfacción, mientras que todos los demás estaban asombrados y deprimidos.

- ¿Pero quién carajo eres tú?

- Vegetto. Recuerda eso.

Vegetto cogió su mando a distancia y lo destruyó, y luego miró si el jefe no tenía algún otro aparato para una trampa, antes de volver a teletransportarlo a la cárcel.

La misión fue un éxito completo.


Esa fue la primera gran hazaña pública de Vegetto, y así comenzó su pequeña reputación. Ésta creció rápidamente a medida que realizaba otras tareas de ese tipo, en las que parecía tener verdaderos poderes mágicos.

Con su velocidad y precisión, parecía un fantasma, pasando a través de paredes y personas, pudiendo teletransportar a sus enemigos o golpearles con la mirada... y esto, incluso con guerreros experimentados.

Incluso aquellos que eran considerados la élite en el combate, capaces de arrasar un planeta, no tenían nada que hacer contra Vegetto. Se ocupó de varios elementos rebeldes como las antiguas tropas de salto del King Cold, cada uno con un ki de unas cien mil unidades.

El universo comenzó a conocer al gran héroe Vegetto, el omnipotente, era incluso considerado como un dios por algunos.

Y si los inocentes y los débiles le cantaban como héroe y le amaban por todo el universo, todos los villanos de todos los mundos fueron sus enemigos al instante. Algunos tenían más poder que otros...


El inmortal de Pandora

Pandora era un pequeño planeta orbitando en torno a una enana blanca. Hacía muchísimo frío, alrededor de menos ciento ochenta grados, apenas suficiente para que el oxígeno se mantuviese, al menos en parte, en forma de gas. Y eso era lo único que el inmortal de Pandora necesitaba. Respirar cada diez, quince minutos.

Cuando no respiraba, su cuerpo se debilitaba y eso le hacía mucho daño. Pero aún con tanto daño que le hiciese, él no moría nunca. Se había ido varias veces a ver a Enma, por sus propios medios. Había logrado entrar, a pie podríamos decir, en el reino de los muertos. Pero siempre había sido expulsado.

- Eres parte de las anomalías de este universo. Lo siento, decía el gigante gerente del inframundo, que apenas le superaba por algunas cabezas, simplemente no puedes permanecer en este mundo.

Fue hace cien mil años. O un millón de años, ya no lo sabía. Permanecer en el mundo de los muertos le pedía un esfuerzo constante, como alguien que tenía que permanecer en equilibrio sobre un dedo del pie. Simplemente no estaba muerto, no funcionaba.

En un área tan grande como el universo, cuyo tamaño se acerca al infinito, debe haber obligatoriamente irregularidades. Errores. La mayoría existen durante menos de un cuarto de segundo, en el centro de una supernova. Pero a veces, se trata de un poder otorgado a alguien que no lo pidió. Las posibilidades son de una entre varios miles de miles de millones... Pero cuando esta así llamada oportunidad te impide morir, eres una irregularidad del universo durante mucho tiempo.

Al principio, él había estado encantado. Pero a fuerza de ver el nacimiento y la muerte de civilizaciones, comprendió el poco interés que había en vivir tanto tiempo.

Así que, de haber probado varias opciones, después de montar un imperio y luego abandonarlo, después de matar sin armas a una decena de demonios del frío, no había encontrado nada más interesante que hacer.

Nada en absoluto.

Bien podría haber insultado a todo el universo, pero la tarea parecía aún más aburrida que sentarse en ese planeta y esperar al Big Crunch.

Habría podido lanzarse a un sol, pero tenía mucho miedo de no morir nunca allí, y sufrir una eternidad.


El inmortal de Pandora, tal y como dibujado por nuestros artistas;)


Unos extraños visitantes. La nave aterrizó a unos cien metros, y unos alienígenas salieron en traje espacial. Sus pies sobre el hielo con un poco de oxígeno y nitrógeno líquido rompieron el silencio de aquel planeta muerto, sin el menor viento.

- ¡Hola, Inmortal de Pandora! Estamos muy honorados de encontraros aquí...

- Espero que tengáis historias muy interesantes que contar. De lo contrario, están todos muertos. Afortunados.

- ¡Inmortal, tenemos algo que os interesará! ¡Ha llegado al universo un guerrero que se dice que es invencible y omnipotente!

- Sí, ya me lo han dicho. Cada 300 años, venís con amabilidad e inocencia fingidas pensando traerme un desafío con los demonios del frío. Oh, matad a Blizzard, oh, matad a Cold, oh, matad a Freezer... son de una debilidad lamentable. Maté a miles hace diez mil años... o cien mil años, qué importa. Ya no me muevo por los pocos supervivientes.

- ¡Le puedo asegurar, Inmortal, que los demonios del frío parecen unos payasos sin cuidado al lado de éste! ¡Ha movido asteroides del tamaño de planetas con un vistazo, ha atravesado un sol y salió ileso! ¡Un sol pequeño, pero aún así!

- Pues vaya... ¿De verdad?...

- Nunca nos atreveríamos a molestarle si no creyésemos que este ser no os daría un desafío. Sabemos el precio de haceros desplazar para nada.

- Leo en tu cabeza que crees en lo que dices... ya me han enviado a lobotomizados así que eso no significa nada. Pero muy bien, visitante. Me arriesgaré.

Los hombres en traje espacial se miraron llenos de alegría.

- Llevadme al campo de batalla. Un tiempo para unos estiramientos (una semana) y estaré listo.


Era un planeta poco conocido, sin una gran civilización. Pero estaba habitado, ya que para atraer al héroe, hacía falta destrucción. Mientras la noticia de un desafiante se extendía, en la fecha fijada, el Inmortal se colocó en el ecuador y crujíó sus doce dedos. En una hora destruiría el planeta si ese Vegetto no venía.

Respetando su promesa, Vegetto consultó a los Kaioshins antes de aceptar el desafío.

- No conozco a este tipo, se limitó a decir el Supremo Kaiosama.

- Es una anomalía, dijo el Kibitoshin. Existe desde hace casi tres millones de años. No puede morir. Nunca ha causado gran destrucción, por lo que no he hecho nada al respecto. Desde hace tal vez un millón de años, estaba sentado en su asiento en un planeta olvidado.
-
Jeje, parece ser un jovencito. Dijo el Supremo Kaiosama.

- Bueno, dijo Vegetto, puedo ir a luchar con él, ¿verdad? ¿Puedo matarlo?
- Bueno, dijo el Kibitoshin. Estás autorizado, pero no lo conseguirás.

- ¡Ja! y Vegetto se teletransportó.


El inmortal medía tres metros. Era vagamente humanoide. Despedía un ki absolutamente enorme. Vegetto esperó de todo corazón que solo fuera su ki en reposo.

- ¿Así que tú eres Vegetto? Escondes tu fuerza... muéstrame tu poder.

- Encantado de conocerte también, Inmortal. ¡Espero que tú también ocultes toda tu fuerza! ¡De lo contrario, esto será muy aburrido!

- Libero un ki de una decena de veces la fuerza de Freezer, sabes, el demonio del frío.

- Eso es lo que digo. Aburrido.

Vegetto abrió los brazos, y sin pasar a Super Saiyajin, aumentó su ki a diez veces lo que su oponente despedía.

- Esto debe ser una centésima o una milésima de mi poder, dijo Vegetto.

Y una sonrisa apareció sobre la faz del Inmortal. Sin cambiar de posición, su energía aumentó de forma brusca. Superó a la de Vegetto rápidamente y se lanzó sobre él. Le dio en el estómago un puñetazo tan brutal como poderoso, cuya explosión hizo volar en mil pedazos el decorado de rocas y tierra por todas partes.

Vegetto vio venir el ataque y al instante se convirtió en Super Saiyajin, luego flotó sobre el terreno para que el golpe no le echase hacia atrás. Contrajo los músculos de su estómago y mantuvo los brazos a los lados.

El puño gigante del Inmortal se estrelló contra el vientre del Héroe con una doble explosión seguida de una nueva deflagración de aire comprimido. Pero Vegetto no se movió un centímetro.

El inmortal estaba muy impresionado. Y ya goteaba sangre de su puño.


- Sí... dijo Vegetto. No podía esperar mucho de tu fuerza de todas formas.

- In... creíble... Un escudo interno sin duda... muy eficaz... pero que te hayas quedado ahí... el truco debe ser...

- No, no, no hay trucos. Simplemente soy muy, muy fuerte. Bah, mi hijo mayor sin duda podría haberte aplastado sin dificultad también.

Las últimas rocas y árboles acabaron de caer al suelo con gran estruendo.

- Pero reconozco que tu fuerza es increíble, dijo Vegetto. Sin duda igual a Cell, bueno Célula perfecto, por lo menos. Seguramente podrías gobernar el universo entero, incluido el mundo de los demonios... Bueno, si yo no estuviese aquí.

- Lo he hecho. Fue aburrido.

El Inmortal dio un giro sobre sí mismo y creó entre sus manos un ataque brillante de un tipo que Vegetto nunca había visto antes. Se lo tiró, pero el héroe lo rechazó de un simple revés.

¿Tal vez si se destransformaba, para no ser más Super Saiyajin, esa lucha tendría interés? No estaba seguro... La diferencia entre ellos le recordaba un poco a su batalla contra Buu. Y ese tipo estaba lejos de tener el poder de Buu con Gohan en él.

El inmortal no dio su brazo a torcer y lanzó numerosos ataques que Vegetto detuvo con la misma facilidad. Él respondió con algunos golpes que por lo general el Inmortal no llegó a parar.

El Inmortal hizo muestra a continuación de poderes mágicos, abrió dimensiones, alteró la gravedad, e incluso durante un instante pareció cambiar el curso del tiempo en un área pequeña. Asombrosos poderes que había adquirido en sus millones de años de existencia. ¡Ah, si los Kaioshins no fueran tales idiotas, quizás habrían podido adquirir un poder equivalente al suyo!

Vegetto no estaba decepcionado porque esa pelea estaba llena de sorpresas.

Y luego, después de un par de horas tal vez, el Inmortal finalmente mostró señales de fatiga. Se desplomo en el suelo y dijo claramente:

- He perdido. No te puedo matar.


- Bueno... Entonces, ¿paramos?

- Espera ... espera ... he perdido... pero tú no has ganado. Para ganar contra mí, me tienes que matar.

- Ah... sí, me dijeron que no lo podría hacer... Es un reto, al parecer, matarte. Pero bueno, tú me caes bien y...

- Mátame, de lo contrario destruiré este planeta, y después todos los demás en mi camino.

- ¡Ah, bah, en ese caso me veo obligado a actuar! dijo Vegetto con todos los dientes fuera.

Se arrojó sobre el Inmortal y le dio un puñetazo tan fuerte que le atravesó el pecho. A continuación girándose, con su pierna como una navaja de afeitar por el efecto de la velocidad, le cortó el cuello.

-Bueno, supongo que eso no es suficiente... dijo viendo el cuerpo de su oponente poniéndose de pie y después buscando su cabeza.

- Se vuelve a pegar, dijo el Inmortal.

Vegetto puso sus dos manos sobre el flanco derecho.

- Kame...

Una bola de energía apareció entre sus dos palmas.

- Hame...

Y estiró los brazos delante de él, hasta tenerlos bien separados, con una bola de luz en cada mano.

- Big Bang ...

A continuación, sus brazos se unieron de nuevo, formando una potente bola de luz cargada de electricidad.

- ¡¡¡HAAAAA!

Y el ataque gigantesco, se abalanzó sobre el Inmortal, lo abarcó totalmente, y destruyó todas sus partículas.

Una vez que el polvo se disipó, Vegetto escrutó con cuidado la presencia de células vivas, como lo había hecho con Buu. Ya no había nada.

- Puf, dijo al abandonar la transformación de Super Saiyano. Bastante fácil.

- Lo siento, respondió una voz en su cabeza. Ya no tengo cuerpo, pero no estoy muerto.

- Hmm...

- Ya he intentado eso, por supuesto. Pero mi alma no va con Enma. Lo he intentado. En cuestión de varios minutos grandes, mi cuerpo será reconstituido.

- Sólo me queda destruir su alma entonces. Sé que cuando te mueres, si te vuelven a matar, no puedes regresar, debe ser la muerte del alma no hay lugar para ellas en el paraíso.

- No me importa un carajo. Quiero terminar con esto. ¡Inténtalo!

Vegetto buscó dónde podía estar físicamente aquel alma. Sintió un ki y envió una bola de energía hacia él. Pero ese ki no fue en absoluto perturbado.

Vegetto intentó todo tipo de ataques. Envió bolas de energía, de ki, de fuego, kiais, golpes, nada podía tocar al espíritu. No tenía presencia física y apenas podía hablar a través de la telepatía.

Vegetto tenía que reconocerlo, el Kibitoshin tenía razón. No podía matarlo.

- Bueno, escúchame, Inmortal... no te puedo matar ahora... ¡pero yo soy Vegetto! Nada me es imposible. Así que vamos a disponerlo así: te vas a casa, y cuando tenga una solución, te elimino. . Pero si haces el menor daño en el camino, entonces te torturaré por lo menos hasta el final de mi propia existencia. ¿Está claro?

- Te respeto, Vegetto ... nunca he conocido a alguien tan poderoso, así que estoy dispuesto a dejarte un poco de tiempo para encontrar una solución.

- Magnífico.

- ¡Pero he dicho un poco de tiempo! ¡Te lo advierto, Vegetto, no soy muy paciente! ¡Mira este reloj de arena!


El Inmortal, que ya tenía un trozo de cuerpo reconstituido, utilizó sus poderes para hacer aparecer un reloj de arena bastante grande, de donde comenzaron a caer al fondo unos cuantos granos de arena muy fina.

- Cuando el tiempo haya transcurrido, entonces atacaré planetas por todos lados, y sin previo aviso. ¿Entendido?

- Sí, sí. Por supuesto. Vendré a verte... varias veces si es necesario, antes de que acabe el reloj de arena.

Y Vegetto se teletransportó con los dioses.

- Bueno... por lo menos no hará daños de momento. Dime, ¿cuánto tiempo va a durar su reloj de arena?

El Supremo Kaiosama miró en su bola mágica, y analizó cuidadosamente el medidor de tiempo.

- Hmm... um...

- ¿Y bien? ¿Tengo diez días? ¿Un año? Es importante, oye.

- Bueno, apresúrate, Vegetto, sólo tienes 284 años terrestres para encontrar la solución.


Traducción: Chapopote
Edición y Exportación: Yo
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DBM Universo 16 Capítulo 14

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