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 KRILÍN, EL MAESTRO TORTUGA: 15- Asalto al Cuartel General.

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Tserleg
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MensajeTema: KRILÍN, EL MAESTRO TORTUGA: 15- Asalto al Cuartel General.   Lun Nov 21, 2016 5:30 am

ASALTO AL CUARTEL GENERAL



Estado Mayor del Gran Pilaf. Junto al soberano del mundo estaban los principales generales pilafianos y los guerreros tortuga, si bien los más jóvenes apartados de la mesa de deliberaciones. Tras las discusiones estratégicas, Eihei Taicho, comandante en jefe de los ejércitos imperiales, expone el plan de batalla:

- Para una pequeña incursión el momento ideal sería la noche. Pero un ataque total sería excesivo para un pequeño grupo, aunque sean los mayores luchadores de la historia. Para no poner a prueba su resistencia más allá de lo necesario, y al mismo tiempo evitar el enorme coste en vidas humanas si enviamos por delante a las tropas regulares, se enviará al comando Tortuga para sorprender al enemigo, y reducir su capacidad de respuesta mientras acude el grueso de nuestro ejército a modo de refuerzo. Quiero decir el grueso del ejército que hemos podido desplazar en estas 24 horas, que vienen a ser las tropas establecidas en la región vecina.

Con una masa bélica grande, un ataque nocturno sólo puede ser ventajoso:
- Si superioridad numérica es tal que le permitirá aplastar al enemigo, y la noche sólo sirve para retrasar un poco la detección del ataque y dificultar la huída enemiga. Huelga decir que esta vez son ellos quienes disponen de superioridad numérica.
-  Si el enemigo no lo ha detectado. Lo que raras veces ocurre y esta no es la excepción, pues dudo que sean tan incompetentes como para no haber detectado nuestros ejércitos aproximándose. Saben que vamos a atacar.

Así que el plan consistirá en dos pasos:
1- El Maestro Tortuga, junto a sus discípulos, asaltará la base del General Red apenas antes del alba, aprovechando los últimos instantes de oscuridad nocturna. Un minuto antes deberán advertirnos por el walky-talky, pues necesitaremos varios para alcanzarles.
2- Coordinándonos bien, el alba llegará mientras se desplace la masa principal, con el ataque ya comenzado. Los primeros refuerzos en llegar serán los cazas de combate, seguidos por nuestra arma secreta, la Estrella de la Muerte. Finalmente llegarán las tropas terrestres.



El número de soldados disponibles había permitido al General Blue registrar el Castillo del Demonio en muy poco tiempo. Además, la bola del dragón, como era de esperar, resultó hallarse en los aposentos de Lucifer, que al ser una de las habitaciones principales no resultó difícil de encontrar. Añadiendo que el confiado vampiro tampoco es que ocultase muy a fondo el preciado tesoro.

El General Black había informado a Blue de los movimientos pilafianos en las cercanías de su base principal, por lo que se reclamó su llegada, junto a la de Green, lo más rápidamente posible. Así que se le encargó a un capitán organizar con calma la vuelta de las tropas de la Garra del Diablo, mientras Blue y Green partían inmediatamente en sendos cazas.

La hora de ventaja de Shu y compañía fue compensada de sobra, gracias a la superior velocidad de sus aviones. Por supuesto no para atrapar de nuevo a unos enemigos ya desaparecidos, y con proyectiles más poderosos, cuando además ahora había otra prioridad. La cuestión era que incluso antes de celebrarse la reunión del Estado Mayor Pilafiano, Blue y Green ya estaban en el despacho del General Red:

- Señor: nos hemos hecho con la bola del dragón; matado a Shu, mano derecha de Pilaf; y matado a Lucifer, vampiro señor de la Garra del Diablo, junto a parte de su ejército de demonios, y desbaratado su plan de destruir el Sol.

Probablemente Blue esperaba una felicitación por todo ello, como mínimo. ¿Vampiro? ¿Demonios? ¿Desbaratado su plan de destruir el Sol? Green comprendía que el informe debía ser completo, pero no tenía claro que esa parte, siendo verídica, fuera una buena idea mencionarla. Ante tanta sobrenaturalidad, el General Red pareció dudar antes de responder:
- Ya, y los acompañantes de Shu han vuelto a escapar de nuevo. Junto a su radar del dragón. Le recuerdo que sumando nuestras tres bolas del dragón con las de los pilafianos, son seis. La séptima no aparece en nuestro radar. Normalmente le castigaría, pero le necesito, a usted y a Green, para el ataque que preparan los pilafianos. Sus fuerzas son inferiores a las nuestras, por lo que creemos que les acompañaran el Maestro Tortuga y otros discípulos suyos, que últimamente han arrasado varias de nuestras bases militares. ¡En grupos de dos o tres hombres!

- No se preocupe, señor. De los luchadores de élite de los pilafianos he conocido a dos: el niño calvo que ayudó al Maestro Tortuga, junto con una mujer, - mueca de asco- a destruir el campamento del general Silver; y el samurai gordo y feo que destrozó el del comandante Orange. El niño es fuerte, pero muy inferior al coronel Green. El samurai no sé como será comparado a Green, pero desde luego también es inferior a mi. - Green no se tomó a mal esta frase, era una verdad objetiva expresada de forma átona.- En cuanto al joven que fue visto junto a al Maestro Tortuga y el niño antes del ataque a la base de White, se mantuvo al margen antes de la pelea principal, por lo que es de prever que es incluso inferior al niño.
Así pues, el único realmente peligroso es el legendario Maestro Tortuga. Espero que sea más fuerte que esa basura de Tao Pai Pai, porque si no, no tendremos ni para comenzar. Aunque por un casual me supere, con toda nuestra ventaja en tropas regulares, tecnología, robots, trampas, etc. Ni por asomo podrá decidir nada.

- Espero que sus cálculos sean acertados. En cualquier caso, por si las moscas, me he hecho con unos refuerzos. Ahora se los presentaré. ¡Je, je, je!



Realmente, el Maestro Tortuga hubiera sido capaz de destruir la base entera del General Red de un simple kamehame. Él calculaba que con uno podría incluso destruir la Luna. Sin llegar a la Luna, o tal vez sí, Son Gohan y Gyumao como mínimo también podrían con el campamento mediante kamehame de cada uno, dos como máximo. Pero el hecho de que hubiesen cárceles, con posibles prisioneros inocentes, en el edificio principal les obligaba a ser más quirúrgicos, y a llevar más ayuda. Por eso les acompañaban Yajirobe, Yamcha, Puar, Krilín y Chichi. Y pronto se les sumaría el ejército pilafiano.

- Oye Krilín. - Le llamó Chichi. - Si el vampiro Lucifer fuera de grupo sanguíneo A, y le chupara la sangre a alguien de grupo B, ¿tendría rechazo?
- ¿Mandeeeeee?
- A partir de ahora, silencio. Que nos podrían oír. - Sugirió Gyumao. - Y ahora es cuando nos ponemos en contacto con los refuerzos para que adelanten camino.

El amparo de la agonizante noche había permitido al grupo de vanguardia acercarse a una distancia razonable, cuando los centinelas cintarrojistas les detectaron y dieron la voz de alarma. Tampoco es que pensaran acercarse demasiado, pues la idea era la que efectivamente ejecutaron: Mutenroshi, Gohan y Gyumao, el trío de veteranos, se elevaron en el aire para desde ahí:
- ¡Kamehameha!

Salvo daños superficiales, el edificio principal fue bastante respetado. Pero la mayor parte del resto de la fortaleza fue arrasado por las tres explosiones. Potentes zambombazos.

Los veteranos volando, los jóvenes de un salto, sobrepasaron la muralla. Tumbando de paso los vigilantes de una de las garitas. Una vez dentro, la formación de batalla, previamente acordada, consistía en un cuadrado cubriendo a Krilín. Era el más adecuado para desempeñar el papel de artillería, sin hacer perder al equipo demasiado poder en el choque cuerpo a cuerpo. Sus kamehames destruían los edificios que seguían en pie, así como los tanques y las agrupaciones demasiado compactas de droides A-1. Mientras su grupito de acompañantes le protegía de todo peligro.

A los tanques demasiado cercanos como para hacerlos explotar, Gyumao los volaba por los aires a puñetazo limpio. Sus compañeros tenían que contentarse con introducirse dentro, mediante la hipervelocidad, y tumbar a sus ocupantes. O aplastar la boca del cañón y volcar el carro de combate. Todoquisque tumbaba también soldados con metralleta, Yajirobe y  Yamcha en plan espadachín. Incluso el propio Krilín hacía algo de cuerpo a cuerpo intercalando los kamehames, para no agotarse demasiado pronto.

Por supuesto algo recibían. Incluso el propio Yamcha podía resistir las balas, sólo hasta cierto punto, pero con la cobertura de sus compañeros no recibía tanta potencia de fuego como para ser dañado seriamente. Sobretodo con la cobertura de Gyumao, para el tío los bazookazos eran como una simple bofetada para una persona ordinaria. Pero, mientras tanto...

Despacho del General Red:
- ¡Malditos inútiles! El Ejército de la Cinta Roja avasallado por un atajo de tíos raros. ¡Y sin armas!
Varios de los acompañantes del General, se miraron unos a otros sorprendidos ante tamaña declaración. Precisamente los mejores soldados de la Cinta Roja no llevaban armas, salvo cuando pilotaban un avión de combate, y más por la velocidad que por la potencia de fuego. Red siguió:
- En lugar de esperarles aquí, mejor salgamos a su encuentro. No quiero que terminen en desbandada todos estos torpes. Nos tienen que durar, para enfrentarnos luego a los pilafianos.



Al escuadrón Tortuga no le quedaba mucho para hacer huir a los cintarrojistas. Hasta que vieron venir hacia ellos a un tipo enorme, corriendo a toda velocidad. El tipo, cuando ya estaba a una distancia moderada, de un salto se plantó enfrente de ellos. El mismísimo Mutenroshi se asustó, Yamcha se espantó:
- ¡Apolo! ¡No puede ser! ¡Estabas en la otra punta del mundo! Y no en tan buen estado.

Apolo; quien sostenía en su mano a una encantadora morena muy mona, tirando a pequeñita y muy bien formada, vestida con un uniforme militar negro; explicó:
- Mi modelo es sumamente complejo, por lo que todavía son escasos los androides como yo. Pero somos unos pocos, e iremos en aumento mientras se investiguen modelos que nos puedan dejar obsoletos. - Mientras dejaba a la morenita gentilmente en el suelo, añadió. - Cedo la palabra a la señorita Bliss Nobiarella, secretaria personal del General Red.
- Saludos, caballeros. Hay un tiempo para la guerra y otro para la diplomacia. Antes de cometer un error, tendrán la oportunidad de dialogar con el Comandante En Jefe de nuestras fuerzas.

Apolo se metió ambas manos en la espalda, para sacar a los generales Red y Black de una, y al general Blue y al coronel Green de la otra. Tras dejarlos a todos en el suelo, el General Red se dirigió a los intrusos:
- Soy el General Red, y exijo saber que les ha llevado a cometer la villanía de asaltar la sede de nuestro ejército.

Mutenroshi, se adelantó como portavoz de su grupo:
- Buenos días. Hemos pactado con el Gran Pilaf la liberación de unos amigos nuestros, a cambio de librarle a él y al mundo de su amenaza.
- ¡Cómo se atreve a hablarnos así!
- Por favor, general. - Medió Black. - Escuchemos el resto de lo que tenga que decir.
- Adelante. - Dijo Red. Mutenroshi siguió.
- Además, hemos perdido a unos amigos, Mai y Shu, a quienes deseamos revivir con las bolas del dragón.

Ante las dudas de Red, Black salió al paso.
- Con la venia del General. En realidad sí hay una solución civilizada y que nos beneficiaría a todos:
Paso 1: Dejarnos a los jóvenes como rehenes mientras realizan su labor. Les trataremos bien, y no sufrirán ningún daño si cumplen su parte.
Paso 2: Su labor. Convencer al Gran Pilaf para su rendición incondicional. Conservaría sus palacios y riquezas. Además, aceptaríamos resucitar a sus lugartenientes Mai y Shu con las bolas del dragón. Pero desmantelaría su ejército y nos entregaría el dominio del mundo.
Paso 3: En caso de no convencerle. Tendrían que matarle a él y destruir sus fuerzas. Quedando sólo liberados de nuestro servicio en cuanto se complete y estabilice nuestro imperio mundial.
Paso 4: Una vez Pilaf se rinda o sea derrotado, sus compañeros serían liberados. Así como los que querían liberar del propio Pilaf. Tendrían una jugosa recompensa, junto a la posibilidad de trabajar para nosotros con un gran salario. También aceptaríamos resucitar, o incluso indultar, a Mai y Shu, con tal de que juren no rebelarse contra nosotros.

Mutenroshi dio su respuesta:
- Jamás trabajaríamos para que unos asesinos como ustedes opriman el mundo.

Red, Black y Blue se enojaron. Green, simplemente era un malvado consciente de serlo, y aunque no se sentía orgulloso de ello, su capacidad de autocrítica le hacía aceptar que era lo que era. Antes de que ninguno de los militares dijera algo irreversible, el anciano Son Gohan se apresuró a intervenir:
- Por favor, no nos apresuremos a pelear. Aunque coincido con mi maestro en no aceptar ese acuerdo, deseo informar en que por el bien de todos debemos llegar a uno. Por favor, escuchen mi historia.



Son Gohan relató a los cintarrojistas su encuentro con el alienígena Jaco, de como no llegó a impedir que asesinara a un bebe inocente, y de la previsible invasión de los guerreros del espacio en unos años.

- Fuentes de confianza me han confirmado la verosimilitud de esta historia. - Son Gohan consideró, atinadamente, que especificar que la fuente de confianza era Dios Todopoderoso, no haría su historia más creíble. - Necesitamos toda la fuerza disponible para enfrentarnos a estos invasores genocidas. Deberíamos hacer las paces, o incluso entrenarnos mutuamente, no disminuir la cantidad de gente capaz de pelear contra los guerreros del espacio.
Un trato más que razonable sería que ambos bandos, el Gran Pilaf y el Ejército de la Cinta Roja, hagan las paces. Cada bando podría conservar la porción que le corresponda, junto a sus respectivas riquezas. Y luego volvernos más fuertes, sea con las artes marciales, sea con - Gohan observó al gigantesco Apolo - el progreso tecnológico. Entre todos quizá podamos preservar nuestro mundo.

Sus oponentes quedaron boquiabiertos con esta historia tan bizarra. Entonces fue cuando de la espalda de Apolo salieron, estos volando por sí mismos, Tsuru, más conocido como el Maestro Grulla, junto con dos de sus discípulos: un calvo jovencito, pero grandote, que apuntaba a convertirse en un hombre muy musculoso en muy pocos años; junto a un pitufo cabezón, parecido al Gran Pilaf, pero blanco y volador:
- No sigas Son Gohan. - Dijo Grulla. - Seguro que toda esa historia te ocurrió tras pescar el pez más grande del mundo. Y haber tomado más sake del habitual. ¿Sorprendidos? El general Red no ha podido localizar a mi hermano Tao Pai Pai, así que me ha contratado a mi para hacer su trabajo. Roshi, ¿tan bajo habéis caído, tú y tus alumnos, para inventar una trola así, con tal de no pelear?
- General Red, con su venia. - Intervino Green, para sorpresa de todos.- Quizá parezca una locura, pero sugiero investigar la verosimilitud de esta historia. Con la de cosas extrañas que hemos visto todos estos días, de esta gente no me extrañaría ya nada. ¡Si hasta nos hemos enfrentado a un vampiro que casi destruye el Sol! En caso de ser verdad, podría convenir un acuerdo. De nada nos serviría conquistar el mundo si lo vamos a perder en pocos años.
- ¡Coronel Green, cállese! - Rugió Red.
- Bien dicho general. ¡Cállate Green! - Se sumó Blue. - Aunque por otro lado, quizá podríamos darle al joven Yamcha una oportunidad de pasarse a nuestro lado. ¿Qué te parecería Yamcha? No te faltaría de nada con nosotros, y conmigo te convertirías en un hombre realmente fuerte.

Aunque Yamcha no hubiera oído hablar ya de este sujeto, la pérdida de aceite de Blue era más que notoria. Así como sus intenciones.
- ¡Ni de coña! ¡Preferiría morir!

Ya se oía el inicio de la batalla entre la recién llegada aviación pilafiana y la cintarrojista. Harto de tanta tontería, el General Red se pronunció:
- Entonces morid. ¡General Black!

Red y Black pulsaron sus relojes, y sus ropas fueron cubiertas por superavanzadas armaduras cibernéticas. No era como las anteriormente vistas por el comando Tortuga, parecidas a un droide hueco, con un humano dentro pilotándolo. Las piezas de estas armaduras se ajustaban completamente a los cuerpos de Red y Black, si bien cubriéndolos completamente, de cabeza a los pies. Parecían dos ironmanes, cada uno de su color correspondiente.

Parte de las tropas del cuartel estaban ocupadas apoyando a su aviación con baterías antiaéreas. Otra parte vigilaba las murallas, para evitar la entrada de más enemigos. Pero la mayor parte iba a reagruparse en torno a su Capitán General.
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KRILÍN, EL MAESTRO TORTUGA: 15- Asalto al Cuartel General.

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