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 KRILÍN, EL MAESTRO TORTUGA: 12- El General White

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Tserleg
Jackie chun
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MensajeTema: KRILÍN, EL MAESTRO TORTUGA: 12- El General White   Jue Sep 08, 2016 6:15 am

EL GENERAL WHITE



Cayendo al vacío, agarrado a una robot asesina con colmillos y cuchillas. El sueño de todo hombre, si quitamos lo de robot, asesina, y los colmillos y cuchillas. Como el gran luchador que era, el Maestro Tortuga supo reaccionar ante la adversidad, dentro de lo que cabe, aguantando las mandíbulas de la vampira cibernética con una mano, mientras que sus habilidades de lucha le permitieron girar su oponente para que ella estuviese abajo, y al caer fuese ella quien le amortiguase la caída. Pero lo que ya no pudo evitar, había bajado demasiado la guardia, fue que las cuchillas le hiriesen la espalda.

La adrenalina del dolor le llevó a utilizar automáticamente una variación de su técnica de la palmada eléctrica: la anguila eléctrica. Más potente pero de menor alcance, ideal para esta situación. Por lo visto le tocó un punto débil a la androide A-11, la electricidad, pues su expresión de dolor y la agitación del metal líquido de la superficie de su cuerpo eran más que esclarecedoras. Y sí, Apolo era bastante mentiroso, pues conocía perfectamente la existencia de modelos todavía más modernos que él, pero una cosa es darle conversación al enemigo para hacerle perder tiempo, mientras tu gente trata de derribar una puerta, y otra muy distinta es ofrecer información realmente útil. Lo mismito por lo que les había hecho creer que los modelos A-8 y A-9, los terracotas, habían sido otro fracaso.

Al caer al suelo, efectivamente A-11, también llamada Aqua, le amortiguó la caída, llevándose ella daño adicional. Momento que aprovechó el Maestro Tortuga para separarse, y así poder vencer utilizando técnicas menos agotadoras, pues sólo estaba parcialmente repuesto del sobreesfuerzo ante Apolo y los terracotas. Por si no tenía ya bastantes problemas, ahora recibe un rayo eléctrico él mismo, alguien le ha atacado por un lateral. La mayoría de la gente, al pelear la adrenalina les hace sufrir de visión de túnel, que consiste en ver sólo al rival de enfrente, volviéndolas ignorantes tanto ante posibles amigos del adversario, que estén esperando a atacar a traición, o al entorno. Mutenroshi es un auténtico experto, y sabe conservar la cabeza fría y vigilar a su alrededor, pero cayendo en picado, siendo acuchillado y forzado a usar una técnica que requiere de tanta concentración. Como que es "normal" ignorar un nuevo enemigo: un enorme monstruo rosado. Ejem, "normal" pero no deseable. Ni de coña.

El rayo había surgido de las antenas de un monstruo bípedo, llamado Buyon. Quién era vulnerable al frío, razón por la que en otro universo un tal Son Goku pudo vencerlo destruyendo un pared, para que el aire glaciar del exterior lo congelara, dejándolo indefenso. Pero Mutenroshi no sólo ignoraba este detalle, sino que además tampoco le habría servido de nada. En este universo la Torre había sido construida mucho más al sur, por lo que Buyon habría podido pelear perfectamente en el exterior, sufriendo algo de frío, pero sin perder peligrosidad.

- ¡JA, JA, JA! - Fue una risa gutural, proferida por la bestia mientras se recuperaba Mutenroshi. Y mientras también se recuperaba Aqua, con su semilíquida cobertura externa de metal plástico.



Una vez Ana Franz fue trasladada a sus aposentos, el Gran Pilaf se dirigió a su pequeño comité:
- ¿Qué pensáis de la proposición de esa señorita?

Eihei Taicho tomó la palabra:
- Antes de decidir nada, deberíamos conocer mejor los medios de la resistencia. No es que espere grandes arsenales de armas, pero sí deberíamos exigir un mínimo de medios humanos y organización. No hablo sólo del número de personas que integren la resistencia, que también, sino de como de bien colocados están. Por ejemplo, un rebelde que trabaje para la Cinta Roja, aunque sea de barrendero, tendrá más fácil acceso a información útil, etc. Lo que no quita, que los números en sí puedan ser suficientes, pues cualquier ciudadano puede ser útil si se lo propone. Cualquiera que vea por la calle soldados yendo por frecuencia por algún sitio, puede guiar a gente con cócteles molotov y darles refugio en su casas.
Pero claro, también hay que ver si estamos ayudando a cuatro gatos sin cerebro que sólo valgan para estallarnos en la cara.

- Eso desde luego. - Siguió Violet.- Además de su capacidad, también habría que confirmar la veracidad de la información de la señorita Ana. Si tuviera que apostar sería a que es sincera, al fin y al cabo su historia es sólida y perfectamente creíble. Mi ex ejército no está compuesto por hermanitas de la caridad, y no sería la primera vez en la historia militar que la población civil se organiza para incordiar a un ejército invasor. Y desde luego, Franz tiene toda la pinta de ser una verdadera rebelde.
Pero tampoco es imposible que sea una topo de la Cinta Roja. Quizá esté aquí para conocer mejor el palacio y traicionar a quienes llevemos a la Capital del Este a ayudarla, o reunir información a partir de los medios que enviemos para ayudar a la resistencia, etc.
Propongo que: en primer lugar nos ponga en contacto con varios de los cabecillas de la resistencia y nos proporcione información sobre el tamaño y recursos de su grupo; y a continuación la acompañe alguien a la Capital del Este para conocer mejor la situación sobre el terreno, sugiero que seamos Lunch y yo, ella es hábil con las armas y yo con la infiltración.

- Estoooo, Violet. - Interrumpió Eihei.- Vaya por delante que me alegro de tu incorporación y de que incluso me caes bien.
- Gracias.
- No hay de qué. Pero en todo caso, reconocerás que tú misma no eres más de fiar que la propia Ana Franz. Vale que has matado a uno de los más importantes generales de la Cinta Roja, pero eso fue por interés. También es verdad que todos los informes tuyos que hemos tenido la ocasión de corroborar, no sólo han demostrado ser veraces, sino que realmente nos ayudarán en la lucha contra la Cinta Roja. Pero la cuestión es que llevas pocos días con nosotros, no te conocemos tanto como para que nadie de nosotros pueda dar su palabra por ti, salvo Lunch, cuya parte buena sólo sabe de ti lo mismo que nosotros, y su parte malvada no es más de fiar que tú misma. - Eihei se dirigió hacia la dulce Lunch Buena. - Con perdón.
- Tranquilo, no me ofendo. No comparto tu opinión sobre mi amiga Violet, pero sé como es mi alter ego y que lo dices de mí es verdad.
- Gracias. Lo que quiero decir, Violet, es que estando de acuerdo en enviar gente para supervisar a Franz, y determinar al capacidad y fiabilidad tanto de ella, como de su movimiento de la resistencia, creo que es mejor enviar otros agentes. Lunch y tú podríais intervenir ya en misiones de campo donde no se os mezcle con colaboradores o agentes nuestros, pero todavía es pronto para poneros en lugares tan delicados. No creo que sea el caso, pero no es imposible que tras improvisar la muerte del General Silver, para salvarte del Maestro Tortuga, Lunch y Krilín, ahora aproveches para obtener información, con la que tus antiguos superiores no sólo estén dispuestos a aceptar las excusas que te inventes para matar a Silver, sino además premiarte.

Por si acaso a su compañera le molestaba tanta sinceridad, Eihei se apresuró a añadir:
- De hecho, paradójicamente esa es una de la razones por las que estuve de acuerdo con Su Majestad Pilaf, para ofrecerte el mismo cargo de Teniente Coronel que tenías antes, con la posibilidad de ascenderte a General una vez se confirme que estás de nuestra parte.

La verdad es que tener a las nuevas Violet y Lunch trabajando y viviendo en palacio, era relativamente normal. Tenerlas en el consejo privado del Gran Pilaf, puestos de la más alta confianza, cuando sólo se las conocía de pocos días, y una era una chaquetera traidora y la otra una medio delincuente, eso ya tenía narices. Pero estamos hablando del Gran Pilaf, el hombre (o pitufo cabezón, o lo que sea su especie) cuyos dos agentes de mayor confianza, Mai y Shu, habían sido contratados por un anuncio en el periódico.

- Sí, sí. - Admitió Violet. - Me parece bien que enviéis a otros, tenemos más gente competente aparte de nosotras. - Violet añadió todo esto sin ironía ni acritud. - No obstante quiero reseñar un dato. Aunque no lo parezca, suelo ser razonablemente leal. Sólo que no me pareció razonable seguir siéndolo, cuando un superior imbécil pretendía obligarme al suicidio ante un enemigo que nos ha derrotado claramente. Aunque la verdad es que en parte le comprendo, yo le decía que seguro que le perdonaban ese fracaso, tras sus anteriores éxitos, pero la verdad es que su posible perdón era algo sólo probable. Algunos de nuestros superiores de la Cinta Roja tienen la costumbre de ordenar ejecuciones bastante arbitrarias. Por ejemplo hay quien ha sido fusilado por hurgarse la nariz.

El Gran Pilaf se calló que no consideraba tan descabellado ejecutar a alguien por una guarrada así. Obviamente, cuando se le pasaban por la cabeza cosas así, no se acordaba de que ocasionalmente él mismo también cometía pecados así. Dentro de lo malo, tuvo la sensatez de no expresar sus ideas en un momento tan inoportuno.
Violet siguió, como si le leyera la mente:
- Y que conste que me habría parecido bien una buena mazmorra para ese cochino. - Aquí Pilaf se relajó un poco, pues pocos días antes había encarcelado precisamente, sí en una mazmorra, a uno de sus hombres por ese mismo motivo.
La cuestión, -seguía Violet- es que ahora cobro menos que antes. Pero en cualquier caso, por pesetera que sea, no me avergüenza reconocerlo, me compensa perder una fracción de mi sueldo, a cambio de ganar con la tranquilidad de que si alguna vez soy ejecutada, no será por razones estúpidas. La tranquilidad y el trabajar a gusto son cosas que no se pagan con dinero.

Durante los segundos de silencio que siguieron a la reflexión de Violet, Lunch Buena, quien sólo había sido convocada con la esperanza de que un estornudo despertara sus conocimientos camorrísticos, se atrevió a abrir la boca:
- Pues no sé, pero a mi la señorita Ana Franz, como si me sonara de algo.
Violet se alarmó ligeramente:
- Pero la conoces tú, o tu otra tú.
- Pues no lo sé. Igual la vi hace demasiado tiempo siendo buena y por eso no me acuerdo. Que en el momento que sea y siendo mala. Mis dos personalidades no recuerdan lo que hace la otra, pero se conocen bien e igual ha quedado algún poso, aunque lo dudo. O igual sólo me recuerda a alguien que conozco. Creo que para decir esto hubiera valido más la pena que me hubiese callado.



El general White se tronchaba de la risa:
- ¡Ja, ja, ja! ¡Menudo casporro! Le está bien empleado por viejo verde. Ahora me encargaré de vosotros.

White pulsó un botoncito de su reloj y de repente apareció embutido dentro de un droide de combate tuneado. Pues si Blue era uno de los hombres por quienes los izquierdistas atribuían a la Cinta Roja una ideología fascista, White era de quienes causaban que los derechistas les atribuyesen una ideología comunista. A Blue sólo le faltaba un águila y en la gorra y una esvástica en la chaqueta, mientras que el droide de White: estaba pintado casi completamente de rojo; salvo tres rectangulitos amarillos, uno con el logotipo de la Cinta Roja, otro con la hoz y el martillo y otro con las siglas CCCP, los tres símbolos también de rojo.
- Sin la ayuda del marrano ese tú no eres nadie. Por si fuera poco estás más magullado que un mapache. Ahora mismo remataré el trabajo de Apolo.

White carga hacia Yamcha y le lanza un crochet de derecha, que el bandido esquiva agachándose y castigando el hueco abierto en la guardia del droide de White, con un crochet donde debería estar el hígado del robot y una patada circular con gancho en la espalda. De no ser por la armadura robótica, White habría sido desriñonado. Ahora el general se gira dando un manotazo a Yamcha, quien pese a pararlo es lanzado varios metros hacia atrás, aunque minimizando los daños de la caída gracias a rodar como una pelota. El problema es que el chasis de White ha resistido bastante bien sus golpes, por lo que tendrá que golpear más fuerte, aunque sea a costa de velocidad. Glups.



Ana Franz se asomó un rato a la ventana de su habitación para tomar el aire, y contemplar el paisaje nocturno a la luz de la Luna. Luego salió a dar una vuelta. Tal como esperaba, había una pareja de guardias a ambos lados:
- ¿Desea algo señorita?
- Sólo dar una vuelta por los alrededores.
- En ese caso tendremos que acompañarla. Para asegurarnos de que por error no se meta donde no debe.
- Entiendo.

Ana, junto a sus dos acompañantes, salió del palacio y anduvo distraídamente una vuelta alrededor de él. En un cuarto de hora ya había regresado a su habitación. Acompañada por ambos guardias:
- Por favor, les importaría pasar a mi habitación, hay una pequeña duda que quisiera preguntarles en privado.

Ambos guardias se miraron, dudando. Ana añadió, amable:
- Se supone que les han encargado vigilarme. Desde aquí dentro podrán hacerlo mejor. No se preocupen, no pretendo nada malo de ustedes.

Ana entró a su habitación dejando la puerta abierta. Los guardias se volvieron a mirar y uno entró. El otro desconfiaba, pero siguió a su compañero:
- Cierren la puerta, por favor. Pueden ponerse cómodos, si lo desean. - Dijo Ana mientras entraba al lavabo. - En cuanto salga hablamos de unas cosillas.

El guardia que había entrado el primero hizo ademán de sentarse, pero cambió de idea al ver que su compañero permanecía de pie. También a imitación de él, acercó discretamente una mano a la funda de la pistola. Seguramente Ana no saldría con ningún arma, pero incluso en ese caso, tener una mano a pocos centímetros de un arma de fuego no es de mala educación mientras no amenaces con sacarla. Al cabo de un rato, Ana salió del lavabo, armada y vestida únicamente con un albornoz. La verdad es que la alta y esbelta pelirroja estaba bastante favorecida.
- Disculpen la espera caballeros, -dijo acercándose- , les comento mi pro...

¡Croc! El guardia más desconfiado fue tumbado con un uppercut en la barbilla. Antes de poder reaccionar, el guardia más ilusionado cayó noqueado por una patada circular, también en la barbilla. Él fue el reanimado por Ana. Por supuesto tras haber sido ambos atados. Ana ahora estaba completamente vestida, con ropa cómoda y oscura. Y acercándole un buen cuchillo a su rostro:
- Seguro que un gentil caballero como usted, guiará a un pobre dama indefensa como yo a su ansiado destino: a las bolas del dragón del señor Pilaf.



Enfrentado a una robot asesina llena de recursos, y a un monstruo enorme que lanzaba rayos y con hambre. El Maestro Tortuga pensó que una estrategia sencilla sería cargarse a uno de los dos por la vía rápida. Quizá no fuera posible, pero podía comprobarlo. ¿A por cual de los dos primero? Normalmente iría a por el más frágil, pero Aqua se había repuesto de una sobrecarga considerable, y el pedazo de bicho tampoco parecía delicado. Una buena razón de comenzar por Aqua sería su mayor cercanía, pero Mutenroshi no sabía hasta que punto el enzarzarse con ella dificultaría a Buyon acertar sus rayos. ¿Ataques a distancia? Buena razón para ir a por Buyon.

Así pues, Mutenroshi se aproximó al monstruo con la hipervelocidad, utilizando la rapidez no sólo para alcanzar de inmediato al objetivo, sino para cargar una patada más poderosa. Que se hundió en el abdomen del elástico monstruo, para luego lanzar despedido al propio Mutenroshi a toda velocidad. La potencia aplicada sólo sirvió para rebotar más violentamente al anciano luchador, que fue estampado contra la pared.

El machacado maestro aún tiene que realizar la técnica de la doble imagen a toda prisa, para evitar que el brazo cuchillo de Aqua lo decapitase, y poder contraatacarla por detrás. Lástima que ella reaccione con una cuchillada hacia atrás, causándole una buena herida en una pierna. Ahora Mutenroshi levita, para usar la otra para estampar a la androide contra otra pared de una patada. Luego esquiva otro rayo de Buyon. Y ve como la destrozada Aqua vuelve a rehacerse del golpe, por lo visto tiene algún sistema de regeneración robótica, pues su desfigurado cráneo está recuperando su forma.

Esta va a ser una pelea agotadora, en la que sólo podrá vencer si es capaz de encontrar algún punto débil en sus enemigos. El problema será detectarlo, bastante ocupado está ya en esquivar los nuevo rayos de Buyon y las cuchilladas de la repuesta Aqua. ¡Así no va a poder rescatar al pobre Oomori! ¿Oomori? ¡Pues claro, todo es mucho más sencillo de lo que parecía!



El Capitán Gero Junior y sus soldados fueron perdonados. Sólo murieron los previamente exterminados por Shu y Jajirobe en la base, más unos pocos ante el ataque de Krilín en el bosque, la mayoría de estos a mano de los oportunistas emboscadores samuráis. Sólo. Los supervivientes fueron despojados de sus armas, vehículos y cápsulas, por lo que marcharon a pie hacia la base más cercana. Afortunadamente para ellos, los samuráis les permitieron llevarse sus walky-talkies, por lo que fueron recogidos por sus camaradas de otros campamentos antes de mitad de camino.

Akira y sus hombres felicitaron al trío asaltante por su heroica y decisiva labor. Sobretodo el maestro Ryu a Yajirobe:
- Yajirobe, quiero darte personalmente la enhorabuena por tu magnífico trabajo. Pese a tus defectos, me siento orgulloso de haber sido tu maestro.
- Pese a mis defectos, vaya. Pero gracias de todos modos, maestro. - La segunda frase fue sin rintintín, la verdad es que Yajirobe sí era consciente de que Ryu era de los pocos que no le habían juzgado en sus malos momentos. Y que todas las críticas que le había dado a lo largo de su vida, habían sido con ánimo constructivo.
- Escucha, te has ganado una buena recompensa, pero sobretodo, lo que has conseguido ha sido una oportunidad. Tu nuevo trabajo, además del generoso sueldo que te ha motivado, te ofrecerá aventuras, y las posibilidades de ayudar al mundo y de hacerte progresar a ti.
Incluso más que el hecho de que contribuyas a librar al mundo de la Cinta Roja, me interesa que no te estanques por tu pereza. Ayer ya te dije que el mundo es muy grande, y que estoy seguro de que hay algunos luchadores más fuertes que tú. Hoy te añado que tienes potencial para superarlos a todos, así que supera tus miedos e indolencia, y serás capaz de enfrentarte a lo que sea. No sólo en las artes marciales.
- Vaya, gracias.

Yajirobe realmente agradecía el cumplido sobre su potencial, pero no tanto el sermón. No obstante, se abstuvo de quejarse al respecto, por ser buena la intención de su mentor y ser una de las pocas personas que respetaba de verdad.
Pero quien no estaba nada conforme con Yajirobe era Krilín. No es que creyera que se hubiese quedado atrás con Shu por miedo, de hecho le había parecido que era tan bueno peleando, o más, que él mismo. Pero no estaba conforme con asesinar a sangre fría soldados inconscientes, por muy lógico que le pareciese de cara al resto de la batalla. Tampoco le gustaba que a ninguno de los samuráis le pareciese haber escandalizado. Al menos Tights sí se había quedado un poco helada al escuchar el relato, pero no dijo nada, de hecho parecía anotarlo mentalmente como un hecho que ocurre en el mundo. Probablemente lo usaría de inspiración en sus próximas novelas.

Ahora fue ella quien tomó la palabra:
- Buen trabajo, chicos. Pero ahora es el momento de pasar a la siguiente bola del dragón. Acabo de situar sus coordenadas en el mapa, y he visto que se hayan en un interesantísimo lugar: La Mano del Diablo.
- ¿La Mano del Diablo?
- Es el nombre de un archipiélago recóndito de los Mares del Sur, apartado de las habituales rutas de navegación. Os iré hablando de ese lugar durante el viaje.



Usualmente Yamcha tenía un estilo de combate muy agresivo. Su pelea defensiva contra Apolo fue una excepción requerida por las circunstancias. En este caso, su instinto de combate le decía que ser agresivo era una opción correcta, y su inteligencia le recordó que sus golpes habían notado menos resistencia en el plástico reforzado de la cabina de White que en el cuerpo metálico de su droide.

Así que atacó una de las patas del droide, para forzarlo a agacharse un poco. No es que no pudiese golpearlo con los brazos, pero así llegaba mucho mejor. No es que las patas del droide de combate no sirviesen para golpear, pero este modelo no era tan avanzado, y sus golpes eran mucho más lentos y torpes que los de los brazos. Una vez el droide se agachó un poco, Yamcha le esquivó un golpe y:
- ¡Garras del lobo!

Destrozó la cabina con golpes, de puño y también con la base de las palmas de sus manos, y la atravesó de una patada, alcanzando al propio White.

- ¡Llévame ante Oomori! Sabemos que lo tenéis prisionero aquí. ¡Rápido!
- De acuerdo, ahora mismo.

El ingeniero Oomori tenía el despacho en ese mismo piso, en la sala de al lado.
- ¡Oomori, sal! Han venido a rescatarte.
- ¿Cómo? - Dijo el ingeniero de marras. Era un anciano delgado, medio calvo, bigote fino y un cigarro en la boca.
- Vamos, de verdad. No es que quiera sacarte, pero estos forasteros han llegado hasta aquí a por ti, me pregunto porqué.

Apenas el anciano cruzó la puerta, rápidamente White sacó una pistola bien gordota y se la puso en la sien, mientras se situaba tras él y le sujetaba con su otro brazo.
- Ahora no hagáis tonterías. Si Oomori no trabaja para nosotros, no lo hará para nadie.
- ¡Si le haces daño te arrepentirás! - Le advirtió Yamcha.
- Si me atacas tú, él muere y tu misión se va al carajo. Y si te quedas ahí quieto como un pasmarote, acabarán por llegar mis soldados y te arrestarán. Quizá sea el momento de intentar escapar, sí podéis. ¿¿¿Cómo???

El general White estaba estupefacto, tenía un Oomori encañonado con su pistola... mientras otro Oomori surgía de la espalda de Yamcha. Este aprovechó la fugaz distracción de White para reaccionar, cogió su pistola manteniéndose apartado de su línea de tiro, y se la arrebató de la mano tirando de forma que la muñeca del general no pudiese retener el arma. Acto seguido Yamcha noqueó White, golpeándole debajo de la oreja con el canto de la mano.
- Bien hecho Puar.



Una silueta oscura reptaba por una de las paredes exteriores del palacio del Gran Pilaf. Iba ataviada con ventosas para manos u pies, y unas ropas resistentes y oscuras que incluían una máscara. No es que Ana Franz, más conocida como Husky, creyese que los pilafianos fuesen a ignorar eternamente que ella era el ladrón de las bolas del dragón, pero en caso de que la viese algún guardia, cuanto más se tardase en registrar su habitación, mejor.

Husky se asomó por la parte inferior del ventanal, por donde vio un par de androides similares a los A-1 de la Cinta Roja, su equivalente pilafiano. Y también un par de guardias humanos paseándose por la sala. Se quitó la ventosa de una mano y las de los pies, a continuación se preparó las armas y se cogió del marco del ventanal para poder quitarse la ventosa de la otra mano. Finalmente se impulsó con la fuerza de sus brazos para, con ambas piernas al mismo tiempo, irrumpir dentro destrozando la ventana. ¡BOOOOM! Con la granada mató a ambos guardias. Volvió a saltar por la ventana para no poner a prueba su chaleco antibalas ante el fuego de los droides. Con otra granada, más poderosa, los destrozó a ellos también. Volvió a entrar. ¡Bang! ¡Bang! Con su pistola, con sendos tiros en la cabeza, mató a los dos guardias que acababan de entrar desde el pasillo.

La alarma general estaba sonando. Así que se apresuró para apartar el cuadro del Dragón Sagrado, el más estimado por el Gran Pilaf, tras el que se ocultaba la caja fuerte donde, según el más salido e incompetente de los guardias de su habitación, se hallaban las tres preciadas bolas del dragón del emperador. En realidad podría saltarse al combinación de la caja fuerte con el tacto de sus dedos entrenados, pero sería más rápido usar C4, al fin y al cabo, con la alarma ya no tenía tanto sentido el sigilo. A no ser...

Husky probó una combinación de números: Uno, dos, tres, cuatro y cinco. Caja abierta. ¡No se lo podía creer! ¡La había adivinado! Contra otro dueño, que no fuera Pilaf, no se le habría ocurrido probar con una combinación tan chorra. Aún así apenas podía creer que ese enano fuera tan imbécil.

Husky cargó con las bolas y volvió a saltar por la ventana, activando su armadura de droide para amortiguar su caída. Le habría venido bien para su pelea anterior, de no ser por la engorrosidad de entrar con ese cachivache por un ventanal grande, pero no tanto como el bicharraco. Apenas caer y ventilarse a unos guardias cercanos, huyó a toda velocidad, perseguida por otra armadura de combate.



Obcecado por la dinámica de ir subiendo la torre, derrotando cuanto se le pusiera por delante, por no mencionar el stress que supone caer abrazado a una robot asesina y tener que ocuparse de sus cuchilladas y bocados, más un blandiblú ciclado lanzarayos de propina, Mutenroshi había olvidado momentáneamente su objetivo: rescatar al ingeniero Oomori, amigo de la maciza Bulma. Y Oomori no se encontraba en ese sucio sótano. Así que en lugar de seguir peleando contra dos duros rivales, el Maestro Tortuga se limitó a largarse volando, esquivando otro de los rayos de Buyon. Una forma de regresar arriba del todo, más cutre imposible, y más sencilla y eficaz tampoco.

Al volver arriba se encontró con que Yamcha y Puar ya habían rescatado al anciano Oomori, y que White estaba noqueado y su droide de combate destrozado. Sus chicos se las habían apañado bien sin él. Al ver toda la comitiva que se reunía en torno a él, el rescatado Oomori les preguntó:
- Vale, me habéis rescatado de la Cinta Roja. Pero, ¿qué pensáis hacer conmigo? ¿De parte de quién venís?
- Venimos a liberarle. Nos envía Pilaf. - Al ver la mueca de Oomori, Mutenroshi se apresuró a añadir.- Bulma está libre. Gracias a nosotros. Ella nos ha puesto de condición rescatarte a ti, a cambio de seguir ayudando a Pilaf. Démonos prisa o no podremos escapar.
- Vale, larguémonos.

En ese mismo instante, una pared exterior saltó por los aires debido a un puñetazo de Apolo. El robot divino, parcialmente desfigurado por el kamehame de Mutenroshi, había regresado corriendo a la base, y ascendido de un poderoso salto a lo más alto de la torre.
Como si se hubiera sincronizado con él, también llegó Aqua, que había transformado la cuchilla de su brazo, en unos ganchos con cuerda metálica, para así regresar arriba trepando.

- ¡Cuidado con sus brazos cuchilla! - Advierte Mutenroshi a Yamcha, apenas antes de saltar a por Apolo. Este le lanza un puñetazo al anciano torpemente, pues todavía no se ha afianzado en el último piso de la torre. Así que Mutenroshi lo esquiva fácilmente y lo vuelve a enviar al quinto pino de un puñetazo.

Gracias al aviso de su maestro, Yamcha no es sorprendido por las cuchilladas de Aqua, así que también esquiva sus tajos gracias a su superior velocidad, y con sus golpes la vuelve a lanzar abajo.

Acto seguido, el Maestro Tortuga coge a Yamcha y Oomori, para llevárselos volando fuera, seguidos de Puar, para subir al techo y allí lanzar una cápsula de donde surge una nave, desde la que salen pitando de la base. Apolo y Aqua ya no tienen tiempo de volver a interponerse en su camino.

Quien sí les asusta es un escuadrón de aviones de la Cinta Roja, que salen apenas dos minutos después en su persecución:
- ¡Kamehameha! - El Maestro Tortuga abate un avión mientras Yamcha pilota la nave. Luego otro. Y otro. Pero no un cuarto, pues el resto de aviones escarmientan y dan marcha atrás.
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KRILÍN, EL MAESTRO TORTUGA: 12- El General White

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