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 KRILÍN, EL MAESTRO TORTUGA: 10- Samuráis a tutiplén.

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Tserleg
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MensajeTema: KRILÍN, EL MAESTRO TORTUGA: 10- Samuráis a tutiplén.   Jue Jul 28, 2016 10:26 am

CAPÍTULO 10 - SAMURÁIS A TUTIPLÉN



- ¡Papá, mamá! ¡Tights!

Bulma por fin se reencontraba con sus padres y su hermana, fundiéndose todos en un conmovedor abrazo familiar. Esta escena fue contemplada por Shu y Krilín, quienes posteriormente recibieron efusivos agradecimientos por parte de toda la familia. Sobretodo por parte de la Sra. Brief, pues si bien Tights era una atractiva joven de 29 años, la madre además de ser una exuberante dama madura bien conservada, también era una mujer de lo más cariñosa:
- ¡Hola Krilín! ¡Mua, mua! ¿Qué tal estás? ¡Mua, mua! ¡Cómo has crecido estos días! ¡Mua, mua!

Krilín tenía la cabeza repleta de esparadrapo, no sólo por el uppercut de Blue, sino por la caída que sufrió tras ser levantado por este a nosecuantos metros de altura. Pero ya se sabe, la mejor cura para los moretones son los achuchones.

Tras un resumen del rescate y de las aventuras del grupo, Bulma concluyó.
- Lo que importa es que nuestro amigo Krilín, aquí presente, el viejo verde asqueroso de Mutenroshi y un joven muy guapo y bien plantado llamado Yamcha, me rescataron del maléfico Pilaf y sus malvados secuaces, Mai y Shu, aquí presente. Ahora que os acabo de ver después de casi un año, aprovecharé para descansar un poco y recuperar un poco de tiempo de familia. Pero eso no quita que vaya a ayudar a Pilaf el secuestrador a seguir dominando el mundo, y a resucitar a mi otra secuestradora Mai. Mientras nuestros amigos (en realidad sólo consideraba así a Yamcha y Puar, por alguna razón el viejo verde Tortuga le caía mal), rescatan a Oomori, hay que impedir que el Ejército de la Cinta Roja se haga con el mundo. Si lo consiguen, esto sí que será una tiranía de verdad.

- Hablando de eso, -interrumpió Shu- Krilín y yo debemos seguir con nuestra misión de recuperar las demás bolas del dragón. Tú Bulma, puedes quedarte aquí. Insisto en que deberíamos enviarte algún guardaespaldas, por si la Cinta Roja vuelve a intentar secuestrarte.
- Ya os he dicho que por eso no tenéis que preocuparos. Aquí disponemos de buenos sistemas de seguridad. Aparte de que, y no lo digo por fastidiar, quiero desconectar un poco de vosotros, respirar tras tanto tiempo algo de libertad.
- ¡Uhm! Pues si no os importa, yo sustituiré a mi hermana en vuestro recorrido. - Dijo Tights.
- Estooo, no es que molestes, nada más lejos de la realidad. -Dijo Krilín diplomáticamente-. Pero el viaje es peligroso, ya te hemos dicho que nos estamos topando a todas horas con la Cinta Roja, y te puedo asegurar por experiencia propia que esos tíos no se andan con chiquitas.
- ¡Ooooh! ¡Pobrecitoooo! -Dijó la Sra. Brief volviendo a acariciar el cráneo del niño calvo.

- Soy consciente de lo peligroso que es un viaje así. - Respondió Tights.- También por experiencia propia. Cuando tenía 18 años me embarque en un viaje por el mundo para inspirarme en mi carrera literaria. Durante mi periplo unos atracadores casi me matan de una paliza, mis padres creían que no saldría de esa. Afortunadamente, a las pocas semanas me recuperé, y todavía con alguna magulladura aproveché para reanudar mi camino. Gracias a eso tuve la inspiración que me llevó a tener éxito con mis primeras novelas, y a ser considerada una prometedora escritora de ciencia ficción.
Ahora estoy pasando por una sequía creativa y vuelvo a necesitar inspiración. Tengo una base muy buena gracias a que leo mucho, pero experimentar aventuras y vivencias se complementará muy bien con lo otro. Además, hace poco rompí con mi novio, así que razón de más para cambiar de aires y despejarme.
Si por el camino me matan, ya me resucitaréis con las bolas del dragón. Y si no es posible, pues oye, soy mayorcita y si decido asumir mi riesgo pues es cosa mía.

- Además nos lo debéis. -Dijo Bulma mirando a Shu.- No me hace gracia separarme de mi hermana apenas reencontrarme con ella. Pero somos conscientes de que tampoco es cosa de haceros esperar en esta carrera a contrarreloj. Yo confío en vosotros, y si pasa algo, bueno, ha sido decisión de Tights.

A Krilín y Shu no les hacía ninguna gracia tener que preocuparse de la seguridad de un nuevo civil, por mucho que "no fueran" responsables de su seguridad: en la práctica lo eran. Pero no tenían huevos para oponerse a las dos hermanas consentidas. Así que Krilín se limitó a aceptar los 100 zenis que le adelantó el Sr. Brief de la recompensa, y él y Shu partieron acto seguido, junto a su nueva compañera, a por la siguiente bola del dragón. Por supuesto tras una cálida despedida, sobretodo por parte de la Sra. Brief.



Puar apremió a sus compañeros a no perder tiempo. La puerta blindada atascada podría resistir incluso a los droides A-1, pero sólo por un momento. Y como apareciese otro A-2, la apertura sería inmediata.

Al llegar al primer piso (el del Sargento Metálico era la planta baja), nuestros héroes se encontraron con: ¡un jardín! Pero no uno cualquiera, sino uno bien repleto de plantas de todo tipo, incluso árboles y fuentes.
- ¡¿Pero cómo puede ser posible?! - Exclamó Yamcha.
- ¡Uhm! Si te fijas bien, verás que salvo unas pocas de estas plantas, las demás son artificiales. Efectivamente, estas ventanas no proporcionan luz más que para unas pocas plantas de interior. Y el agua de las fuentes tampoco bastaría. O un demente ha encargado esto a un interiorista por un simple capricho, o este lugar contiene alguna trampa. Retrocedamos un segundo. - Dijo Mutenroshi.

Al volver a la entrada, el maestro Tortuga dio una señal a Puar para que explorara, cosa que hizo con su forma de mosca. Rápido, discreto y difícil de acertar por posibles balas. Varios metros por detrás marchaban los dos vigilantes guerreros. Hasta que encontraron un nuevo ¡androide? de aspecto bello y amigable. Era del tamaño de Gyumao, con la misma estatura y corpulencia. Incluso con la misma amplitud de pelvis. Pero a pesar de tener un cuerpo tan ancho tenía unos músculos muy marcados, más allá de lo concebible en una estructura tan rotunda. ¡Quedaba incluso armonioso!
Con todo, lo más sorprendente era la deslumbrante belleza de su varonil rostro, digna de un dios griego. Quizá por ello iba ataviado con una túnica como la de los contemporáneos de Aristóteles, y llevaba una corona de laurel sobre su cabeza.

- Bienvenidos, visitantes. - Les dijo este ser con un voz dulce y melodiosa, al mismo tiempo que viril. - Si me lo permiten les enumeraré los distintos tipos de androides diseñados por la Cinta Roja. Probablemente ya conocían, incluso antes de llegar aquí los obsoletos droides A-1, ahora utilizados principalmente para tareas de vigilancia, y los guerreros A-2. También obsoletos, aunque no tanto. Personalmente, yo les hubiese llamado D-1 y D-2, con D de droide, pues el prefijo -andro significa "hombre". Y los A-1 y A-2, como que no pasan por humanos.

Luego nuestros ingenieros diseñaron lo que iba a ser el modelo A-3, cuya "A" sí iba a ser merecida. Mayor tamaño, fuerza bruta, pero sobretodo mayor potencia computacional, lo que le permitiría una mayor diversidad de funciones, coordinación y velocidad. Pero el salto tecnológico era demasiado ambicioso para el momento, por lo que surgieron ciertos problemas de diseño que lo hicieron inviable. Dentro de lo malo, algunas partes sueltas han podido ser aprovechadas, tanto para los modelos de androides posteriores, como para carcasas de robots de combate manejadas por humanos, y otras aplicaciones.

El primer androide que además de ser digno de su nombre sería operativo, es el A-4. Se trata del Sargento Metálico, a quien acaban de conocer. Admito que no deja de ser un modelo tosco.
Los modelos A-5 y A-6 tampoco se terminaron de construir por inviables. El A-7 sí, inteligente a su manera y de prodigiosa fuerza, acorde con su físico, basado en el monstruo de Frankenstein. Seguro que lo han visto en películas, aunque les advierto que en ellas siempre le cambian la personalidad y/o nivel de inteligencia respecto a la novela original.
Al grano, A-7 nos salió pacifista, así que hubo que desguazarlo para aprovechar sus componentes para futuras versiones no fallidas. Lástima, pues hacía parecer un enclenque al propio Sargento Metálico.

A-8 y A-9, inviables.

Y por último, el modelo más moderno y perfecto de todos: el A-10, o sea yo. Más fuerte, rápido e inteligente que cualquiera de los anteriores. También el más bello, aunque siendo un robot admito que es irrelevante. La única razón por lo que lo soy, es que mi diseñador es amante de la mitología griega. Y quería algo lo más opuesto posible a su fracasado A-7. Por eso mi rostro está basado en una antigua escultura de Apolo, dios de la luz, la belleza, la música y la arquería. Admito que me faltan la lira, que no sé tocar. Otra inexactitud de mi diseño, es que Apolo era de hombres anchos y cintura estrecha, lo que se llama un cuerpo apolíneo. El mío también tiene las caderas anchas, como los de los dioses Ares y Heracles. Pero eso es porque estoy diseñado para pelear.
Por último, la corona de laurel es un símbolo de victoria desde que mi homónimo se puso unas tras alcanzar una ninfa. Les recomiendo que lean la historia. Yo la mía la recogeré de nuevo tras darles una buena tunda.

Apenas arrojar al suelo su laurel, una ráfaga de virotes de ballesta surgió desde los arbustos, no alcanzando a Mutenroshi y Yamcha tan solo por sus grandes reflejos. Al mismo tiempo aparecieron de la maleza, corriendo hacia ellos 5 androides más con aspecto de guerreros chinos de terracota, sólo que estos eran de acero. Dos de ellos portaban katanas, que no son espadas chinas, pero el diseñador de estos androides A-8 (Apolo era algo ladino y mentiroso) no lo sabía. Otros dos llevaban ballestas incorporadas en el antebrazo derecho, y una espada corta en el brazo izquierdo, quizá con la idea de que algunos de sus rivales podrían no estar acostumbrados a pelear con zurdos. El quinto llevaba una lanza. Todos llevaban una armadura idéntica, salvo uno de los dos espadachines, que la llevaba más elaborada que sus compañeros.



En los bosques del noroeste habitaban diversas tribus de samuráis, constando las más grandes de apenas unos cientos de miembros. La razón de una población tan escasa era que vivían de la caza, y de no ser por el gran tamaño de los árboles y animales de la zona, habría sido todavía más escasa. Antaño fueron una civilización floreciente, pero el no saber adaptarse a las nuevas tecnologías, les arrinconó a zonas agrestes, de menor interés para los imperios que les sustituyeron. Seguían practicando el arte de la esgrima, pero más por tradición que por auténticas necesidades bélicas, lo que no quita que siguieran tomándoselo en serio.

La hermosa Midori recorría el bosque en busca de una presa. Aunque hábil con su arco, tenía el defecto de a veces distraerse demasiado contemplando la belleza del bosque. Por ello no vio a tiempo como surgían de la espesura dos soldados de la Cinta Roja.

- Discúlpanos preciosa, déjanos decirte que eres muy bonita. ¿No quieres divertirte con nosotros? - Dijo uno de los dos sátiros.
- Antes lo haría golpeando un avispero cubierta de miel. - Respondió ella acercando su mano a la empuñadura de su katana.
- Tu ya estás cubierta de miel guapa. - Dijo el otro sátiro. - No hagas movimientos raros o te frío a tiros. Venga colabora y ya verás como te diviertes tu también. Y que no te pasa nada malo.

De repente, un nuevo samurai irrumpió en escena. De un espectacular salto, cayó sobre el segundo sátiro, y de un katanazo lo partió limpiamente en dos hemisferios, de arriba a abajo. Ambas mitades del gañán fueron separadas conforme caían de lado, sin perder la expresión de perplejidad en sus medios rostros.
De haber tenido tiempo, Yajirobe  habría aprovechado para trocear ambos hemisferios en cuadraditos, y así hacer su entrada todavía más espectacular ante Midori, pero quedaba otro oponente con metralleta y no era cuestión de darle tiempo para sacarla. Así que de una estocada le atravesó el torso entero, de paso que el corazón. Una vez muerto también: le arrancó la espada; la agitó a un lado para sacudir la sangre, antes de que tuviera tiempo a secarse y a dificultar su limpieza; la lanzó al aire, donde dio varias vueltas sobre sí misma, perpendicular al suelo; hasta que a punto de caer tras la espalda de Yajirobe, este se inclinó a un lado para que la espada entrase perfectamente en su vaina. Un numerito realmente espectacular.

- ¿Qué? ¿Soy el más guapo o no soy el más guapo?
Yajirobe era un joven de recio esqueleto y músculos compactos. El problema es que alrededor de sus músculos compactos tenía un tejido adiposo, también muy compacto. Por si fuera poco su rostro no era precisamente el de un Adonis. No es que fuera tan feo como pegarle a un padre en la nariz con un calcetín sudado, pero sí como hacerlo con uno sin sudar.
En el fondo Yajirobe sí era consciente de no ser muy agraciado, pero debido a sus complejos y a un erróneo sentido del orgullo solía hablar como si fuera el tío más guapo del mundo. Lo que de cara a las chicas le perjudicaba más que su propio físico.
- Oye Midori, ¿te apetece celebrarlo tomando una copa conmigo? - Añadió Yajirobe, el pobre tenía sus defectos pero creía detectar una oportunidad inmejorable para ligar con una chica guapa.

Antes de que la joven tuviera tiempo para responder, apareció más gente de la espesura del bosque. Por lo visto estaba de moda ese día. Volvían a ser soldados de la Cinta Roja, pero esta vez todo un pelotón.

- Enhorabuena samurai. - Dijo su líder: Un hombre gigantesco, de 2'10 metros de altura, con el cabello rapado por los lados y una gran cresta pelirroja en medio. No dijo "samurai guapo" porque quería ser diplomático.- Una entrada realmente espectacular, le felicito. Gracias por librarme de esos dos incompetentes, una auténtica deshonra para mi ejército. Ahora iré al grano.
Soy el capitán Gero - Omitió que su nombre completo era en realidad Gero Junior, pues se llamaba así por su padre, el Dr. Gero, el más genial científico de la Cinta Roja, quizá del mundo. Quien en otro universo crearía un androide, A-16, basado en su hijo, muerto por herida de bala. - Deseamos realizar un trato con su tribu. Algo razonable, de lo que pueden salir justamente recompensados, salvo que nos obliguen a tomarlo. Sabemos llegar a su aldea, que para algo aparece en los mapas de la zona, pero agradeceríamos que nos acompañen para evitar confusiones a nuestra llegada.

Fastidiado por su interrupción, Yajirobe, junto con Midori, caminaron con los soldados como simples compañeros de viaje hasta llegar a su aldea. Allí se reunió el consejo del pueblo para atender a los forasteros. A Yajirobe se le permitió la entrada por haberlos traído y en agradecimiento por salvar a Midori, hija de uno de los miembros del consejo. Además, el anciano Yamato, considerado el hombre más sabio del lugar, por alguna razón creyó conveniente su presencia.

Tras las presentaciones, Gero Junior expuso su petición, lo cual quedaba mejor que decir exigencia por la fuerza militar:
- Señores de la aldea del Oso, nosotros, el Ejército de la Cinta Roja, hemos descubierto la presencia de una llamada bola del dragón en su territorio. Les estaríamos muy agradecidos tanto si nos la entregan, como si simplemente nos ayudan a encontrarla con las excavaciones que pensamos realizar en esta tierra. En cualquier caso, sería muy lamentable que un bosque tan hermoso como este se viera afectado por una disputa innecesaria y lamentable.

Cuando Gero Junior era pequeñito, los campamentos de verano organizados por la parroquia de la iglesia local además de llevarle a hacer muchas trastadas con otros pilluelos, también habían fomentado su amor por la naturaleza. No obstante, su conciencia ecológica era moderada, pues ante todo priorizaba sus responsabilidades como soldado.
En otro universo alternativo, su contrapartida robótica sí se tomaría la naturaleza más a pecho. El ecologismo de A-16 no estaba basado en nada, pero su programación la había exagerado hasta cierto punto. Sólo hasta cierto punto, claro, A-16 no dejaría de ser capaz de destruir bosques enteros por tal de cumplir su misión prioritaria.

Y ya sé que viendo el tamaño del mozo, es difícil creer que alguna vez haya sido pequeñito. Pero tengamos en cuenta que incluso las ballenas azules y los dinosaurios empiezan siendo zigotos microscópicos.



En esta ocasión, fue el Maestro Tortuga quien, con una mirada, dio a Yamcha la posibilidad de escoger rival. Tanto Apolo como los cinco terracotas eran demasiado para él. De todos modos la decisión fue automática: Apolo era más peligroso que los otros 5 juntos, sin duda, pero aún así, al ser uno le pareció más fácil de esquivar golpes con él que con los terracotas.

Mutenroshi se dirigió raudo hacia el más cercano de los ballesteros, desviando todas las flechas por el camino, para de repente cambiar de dirección al protegerlo los espadachines y el lancero. Pillándolos con el pie cambiado aprovechó para con la hipervelocidad enfrentarse al otro ballestero, más aislado, y de una patada romperle el alma y de un puñetazo lanzarlo contra la pared. Los demás guerreros embistieron contra él, menos el otro ballestero que se movía pero para dispararle desde los mejores ángulos y tratando de no alejarse demasiado de sus compañeros.

El espadachín básico lanzó un tajo horizontal hacia los brazos del maestro, a lo que él respondió avanzando un poco hacia adelante y de lado, de modo que pudo pararle el espadazo con los antebrazos cruzados. No lo cortó en parte por la extrema dureza del, posiblemente, mejor luchador humano de la historia, y en parte porque lo alcanzó con el tercio débil (el tercio de hoja más próximo a la empuñadura), donde el filo no es tan pronunciado. Entonces Mutenroshi deslizó sus manos para coger su empuñadura, y si bien no tuvo tiempo para arrebatársela al terracota, al menos sí pudo usarla para intercambiar tajos con el otro espadachín y de paso desviaba una lanzada con su pierna. Como la situación no era factible, Mutenroshi decidió saltar hacía atrás arrancando la mano de su terracota. Pero el droide era más fuerte que los anteriores, así que sólo pudo medio arrancársela, con lo que la espada siguió con el terracota.

Escarmentado del Sargento Metálico, Yamcha ahora pelea defensivamente contra Apolo. Ello iba en contra de su habitualmente agresivo estilo, pero su única aspiración era ganar tiempo; y su única manera de conseguirlo era limitarse a esquivar, parar lo que no pudiese esquivar, y guardarse sus ataques para cuando estuviese seguro de además de poder golpear también poder apartarse antes de la inevitable réplica. ¡mier**! Pese a haber parado el golpe en todas las ocasiones en que Apolo le había tocado, cada vez que lo hacía le dejaba moretón en el brazo o pierna interceptores. En ocasiones del impacto incluso lo movía varios metros para atrás.

Mutenroshi mientras tanto aprovechaba un, bien ganado, medio metro de fugaz distancia de seguridad, para saltar varios metros hacia atrás con pirueta y: ¡kamehame... ¡bom! Su kamehameha fue interrumpido por el terracota con armadura de general. El maestro Tortuga no podía saberlo, pero si bien los demás terracotas eran droides A-8 con diferentes armas, el general era un A-9: con inteligencia de combate incrementada, y capaz de utilizar unas pequeñas reservas de energía para efectuar explosiones similares a las que podría realizar el propio Mutenroshi con su ki. No obstante, tales explosiones eran de menor poder detonante, y estaban limitadas por requerir demasiada energía para una batería grande, pero no tan desproporcionada como para permitir un número generoso de disparos. Pero uno de esos escasos cartuchos fue clave para cancelar un potente kamehame que tal vez habría destruido Apolo.

No obstante, Mutenroshi había caído a todavía más metros de distancia de los terracotas. No contaba con tiempo para cargar un kamehame en condiciones, pero sí pudo lanzar otra onda de energía, de menor tiempo de carga aunque de menor potencia. Alcanzó a Apolo en la testa, causando sólo daños menores, pero distrayéndolo lo suficiente como para que Yamcha por fin se atreviese a saltar, golpeando su ojo con la base de la palma de su mano. Destruyendo uno de sus dispositivos de visión y provocándole un ángulo muerto.

Apolo conservó su maquinal calma. Ahora Yamcha le esquivaba con todavía mayor facilidad que antes, así que decidió compensarlo con una treta. Su potentísimo microprocesador e intrincados algoritmos de inteligencia artificial le llevaron a fingir:
- ¡Maldito mortaaaal! ¡Cómo te atreves a desfigurar mi bello rostro!
- Vaya, un robot presumido, lo que nos faltaba. - Respondió Yamcha.

En realidad a Apolo, siendo consciente de su magnífica belleza, en términos humanos, le importaba bien poco su aspecto: era una simple máquina de matar. Su ira fingida era un modo de hacer más creíble un ataque demasiado impetuoso, que habría un hueco para que Yamcha se colase con su zona ciega. Apolo no podía verlo, pero la probabilidad de predecir correctamente los movimientos de su oponente, bien valían el riesgo de recibir daños menores en su pierna robótica. Así que giró levemente su cintura y lanzó una potente patada lateral con la que Yamcha salió despedido por la ventana.

El invisible insecto Puar se materializó en su verdadera forma, al lado de la ventana de marras.
- ¡Yamchaaaaa! ¡Ocupese de los droides, señor Mutenroshi! ¡Yo rescato a mi amigo! - Dijo saliendo hacia fuera.



- Antes de decidir que hacer, ¿alguien sabe algo de esas bolas del dragón? - Preguntó Akira, líder de la tribu.
- La tengo yo. - Respondió Yajirobe. - La encontré el otro día yendo de caza, y he estado a punto de ofrecérsela al capitán Gero. Pero he pensado que quizá esperándome a que se largue, alguien me cuente algo sobre estas bolas y me diga cuanto dinero les puedo sacar. Antes de todo esto me estaba planteando si guardarla en casa o si hacerme un collar con ella.

El anciano Yamato tomó la palabra.
- Por eso te he hecho venir. Te vi llegar con ella al pueblo y pensaba contarte su leyenda un día de estos. (Mentira, cuanto menos me hable contigo mejor, que me caes un poco mal) - Por supuesto lo contenido en paréntesis es lo que Yamato pensaba, pero no decía. El anciano era un tanto estricto en algunos aspectos, pero algo de tacto tenía hablando con la gente. A continuación relató la leyenda de las bolas del dragón.
- Por eso -continuó Yamato- no podemos entregar la bola al capitán Gero. No me importaría entregarles un simple tesoro, con tal de que nos dejen en paz. Pero si les damos este, les ponemos el mundo en bandeja.
Las opciones que veo son:
- Asaltar su campamento por sorpresa.
- Tenderles emboscadas por el bosque, valga la redundancia. Jugaríamos en nuestro terreno, pero la pelea transcurriría más cerca de nuestros hogares.
- Evacuar el pueblo. Lo que aparte de poco honorable, sería engorroso y además no dejarían de perseguirnos.
[En este momento los asistentes oyeron el sonido de una nave aterrizando cerca]
- O por supuesto, entregarles lo que quieren, y aceptar cualquier abuso que deseen hacernos en el futuro. Huelga decir lo que opinaría de ello.

Mientras discutían entre las dos primeras opciones (a Yajirobe no le hubiera importado la venta, si era por bastante dinero, pero entendía que eso era egoísta incluso para él), uno de los cazadores se asomó por la entrada:
- Señor Akira, señores del consejo, lamento interrumpir la reunión, pero acaban de aterrizar otros extranjeros. Preguntan por una bola del dragón, que aseguran que se encuentra en esta misma sala.



El general Red recibió a Blue, sentado mientras se fumaba un buen habano. El general Black estaba a cierta distancia de Red, tal como exigía el último. ¿La razón? Red, un pelirrojo barbudo, medía apenas un metro, mientras que Black, de raza negra, medía casi tres. Así que mejor alejarle y no evidenciar su cortedad de estatura.

- Entonces ha cumplido con todos los parámetros de la misión. ¿No es así? - Preguntó el general Red.
- En efecto, señor. Aquí tiene la nevera con el cuerpo del general Silver. - Blue lanzó una cápsula, de la que surgió la susodicha nevera.- Y aquí tiene la bola del dragón junto con el radar portátil que... - Blue escarbó, sin éxito, todos y cada uno de sus bolsillos y de los pliegues de su uniforme.- ¡Maldita sea! ¡Ha de ser el perro ese! ¡Me lo robó mientras suplicaba por su vida!
- ¿Un perro? - Preguntó Red. - Un perro es quien se comía mis deberes de peq... estoooo, en la escuela. La cuestión es que ha fracasado en su misión, y el Ejército de la Cinta Roja no tolera el fracaso.
- Pero señor, le he entregado el cadáver de Silver en perfectas condiciones. Y he asesinado a uno de los asaltantes que acabaron con él.
- ¿A quién de todos?
- Bueno, al niño.
- Glorioso héroe. Mata un puñetero niño calvo y eso compensa la pérdida de una bola del dragón, y... ¿Había dicho algo de un radar portátil?
- Sí, señor. - Blue intentó apuntarse un tanto con información. - La razón por la que los pilafianos han podido encontrar la bola del dragón tan fácilmente, consistía en un simple radar similar a un reloj de bolsillo. Fácil de llevar y muy preciso, más que el nuestro. Si me permite introducirme en el palacio de Pilaf, sólo me haré con él, esta vez sí, y se lo traeré, al igual que con la bola que ya poseen. Verá como encontrar el resto de las bolas del dragón será lo más simple del mundo.
- No, para usted tengo una misión diferente. - Tras dirigirse a Blue, Red llamó a su secretaria por centralita. - Señorita Mony Reddy, haga el favor de hacer pasar a nuestros dos invitados.

A los pocos segundos se abrió la puerta y entraron: Una atlética mujer con una frondosa melena rubia, y una mirada fría y maliciosa. Y un hombre de rasgos achinados; bigote fino; cara alargada y adusta; frías maneras y un aspecto despiadado; ropa tradicional china, bueno tradicional salvo por el letrero de "Voy a matarte" que rezaba en su espalda; y una coleta trenzada que alcanzaba más de medio torso. La mujer, cuando se mostraba tal como era, no parecía de fiar, pero al menos era atractiva. Pero el hombre tenía un aspecto como para echar a correr si te topabas con él en un callejón. Si gente dura y curtida como los generales Blue y Black se estremecieron al verlo, aunque fuera por un par de segundos, era por algo. Sólo le faltaba un letrero que dijera: "Soy un asesino". O ni eso, porque en la espalda llevarlo lo llevaba, no con esas palabras exactas, pero sí más o menos.

- General Black, general Red, les presento a la ladrona Hasky y al asesino Tao Pai Pai. - Red no añadió nada más en sus presentaciones, bien sabían sus hombres que los recién llegados eran considerados los mejores del mundo en sus respectivas especialidades. Red siguió:
Como le iba diciendo, general Blue, tengo para usted una misión, pero no esa. La señorita Hasky es ideal para misiones que requieran sigilo, así que la he contratado no sólo para hacerse con la bola y el radar del palacio de Pilaf, sino para introducir en su confortable morada esta bomba. Como gente amable que somos, nos encargaremos de que ese emperador de tres al cuarto disponga de un hogar cálido.
Señor Blue, normalmente le ejecutaríamos por su fracaso en una parte de la misión. Pero ya que ha tenido éxito en la más importante, le daremos otra oportunidad. Peleará a muerte con el señor Tao Pai Pai. El vencedor se ocupará de recuperar otra bola del dragón que tenemos localizada en otro lugar.

- Por mi perfecto. - Respondió Blue, aliviado.
- General Red, -interrumpió Tao Pai Pai- debo recordarle que mis honorarios constan de un millón de zenis por muerte. Y en este caso por cada bola del dragón recuperada. Si bien, en este año, celebro que es el vigésimo desde que comencé en el honrado oficio del asesinato, cobrando sólo la mitad. No obstante, encargarme de este hombre contaría como otro trabajo, así que supondrá medio millón adicional.
- Me parece bien. Así me podré hacer una idea de su nivel.

Hasky recogió los preparativos de su misión para partir sin dilación. Los cuatro hombres se trasladaron a una habitación más espaciosa, libre de mobiliario y mejor acondicionada para una pelea.
- ¡Jo, jo, jo! Déjame advertirte que soy el hombre más fuerte de la Cinta Roja. - Alardeó Blue.
- Y a mi qué. Te derrotaré sólo con mi lengua. - Respondió el asesino, sacándola cuan larga era.
- Eso quiero verlo. - Blue también se mostraba confiado.

El general Black dio inicio al combate.

Ambos luchadores se tantean hasta llegar a una distancia mínima de seguridad. Caminan en círculos, el uno alrededor del otro, hasta que Blue lanza una patada circular alta a Tao Pai. El asesino la ve, pero no le da tiempo a esquivarla y es lanzado por los aires.

Se levanta furioso y se dirige hacia su amanerado rival mediante un fulgurante zigzagueo. Tao para una patada circular baja de Blue, esquiva un crochet al tiempo que se desplaza a un lateral del soldado, y lanza un golpe con la lengua. Pero como Blue no ha lanzado el crochet excesivamente abierto, tiene tiempo para reposicionarse un estamparle a Tao un codazo en la cara. A continuación, con ese mismo brazo le agarra la lengua y tira de ella moviéndose en círculo para hacer caer al chino. Una vez su enemigo está en el suelo, Blue aguanta su cabeza con la otra mano y aprovecha para tirar de su lengua y arrancársela.
Blue se aparta para permitir levantarse a su rival. Y despreciativamente lanza a un lado la arrancada lengua:
- ¿Con esto es con lo que me ibas a matar? Como no sea diciendo tonterías. - Se burló Blue.- Uy, cobro una pasta por matar pobres pardillos, pero hoy no tanta por ser mi aniversario. Gano a cualquiera con el meñique y haciendo malabarismos con focas con armadura. Uy no, he perdido, pero por mala suerte, que soy el mejor.

El mutilado y humillado Tao Pai Pai no podía tolerar tal afrenta. La adrenalina hizo correr un torrente de fuego por todas y cada una de sus arterias. Como mejor pudo, pronunció el nombre de su más terrorífico ataque:
- ¡Ddayo Doddón-Pah!

Debido a su exceso de confianza, en lugar de esquivarlo, Blue sólo tuvo tiempo para bloquear el brutal rayo con sus brazos. Sobrevivió, pero algo dañado y bastante chamuscado. Esto lo enfureció y le quitó las ganas de tanta tontería. Fue directo a por Tao, quien todavía estaba en el suelo, le cogió el brazo, se lo rompió mediante una técnica de palanca, y a partir de ahí comenzó a patearle la cara para al final pisotearle la cabeza. Una sola vez. Tal como se la había aplastado estaba claro que no hacían falta dos.

El arduo entrenamiento de Blue había dado sus frutos en este combate. Red se dirigió a él, sorprendido:
- Esta bien, merece otra oportunidad. Ahora mismo le informaré acerca de su nueva misión.
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KRILÍN, EL MAESTRO TORTUGA: 10- Samuráis a tutiplén.

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