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 KRILÍN, EL MAESTRO TORTUGA: 9- Torre y desierto.

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Tserleg
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MensajeTema: KRILÍN, EL MAESTRO TORTUGA: 9- Torre y desierto.   Jue Jul 14, 2016 9:31 am

CAPÍTULO 9 - TORRE Y DESIERTO.


Dos droides centinelas A-1 guardaban la entrada a la Torre. El patio estaba despejado, por tanto no había ningún intruso ni amenaza que atender. Nada podría entrar sin ser detectado por ninguno de ellos, de hecho ya era improbable que nadie pudiese traspasar las murallas del campamento sin ser visto; custodiado como estaba por otros A-1, centinelas humanos y diversas cámaras de vigilancia. Tampoco estaba llegando ningún enemigo por el aire; difícilmente podría esquivar la detección de las distintas garitas.

De hecho, según el general White, el camino menos tortuoso para incursiones sigilosas por parte de un enemigo, tendría que ser bajo tierra. Tampoco muy práctico, pues las constantes patrullas hacía casi imposible no detectar a tiempo a nadie que tratase de crear un túnel subterráneo. Que en todo caso, sólo podría introducir unos pocos intrusos a uno de los campamentos mejor protegidos del Ejército de la Cinta Roja, que ya era decir. Todo para ser masacrados por la generosa cantidad de tropas disponibles; elevado número de robots de combate, algunos de ellos entre los más avanzados del mundo; y las traicioneras trampas del interior de la Torre, donde tenían trabajando buena parte de los más brillantes científicos e ingenieros del ejército, y recluido contra su voluntad el bueno de Oomori, que había huido del fuego de Pilaf para caer en las aún peores brasas de la Patrulla Roja.

Un extraño murciélago, algo cebado para su especie, revoloteó alrededor de los A-1 de la entrada de la Torre. Las pautas de su vuelo, así como la de sus escasos sonidos, emitidos sólo en momentos muy puntuales, quizá habrían llamado la atención de un humano especialmente atento y observador. Pero probablemente no le habrían dedicado más de dos segundos, incluso gente tan perspicaz como Violet o Green. Unos primitivos y desfasados robots de combate, como los dos centinelas, ni siquiera poseían conocimientos acerca de la naturaleza más allá de la existencia de los murciélagos y de que volaban para conseguir comida. Así que fue demasiado tarde cuando cayeron sobre ellos Yamcha y el Maestro Tortuga. Un avión habría sido demasiado llamativo como para no ser detectado por las garitas. Pero los dos humanos vestidos de ninja, uno volando bastante por encima de las murallas y el otro de paquete, bien pudieron servirse del amparo de la noche.

Ambos luchadores se introdujeron en la Torre, la parte fácil había terminado. Eran conscientes de que los problemas eran inminentes, bastante era que no habían comenzado ya. El ex murciélago Puar se quedó revoloteando por la puerta, ahora en forma de moscarda, con idea de vigilar fuera durante el medio minuto de ventaja que tenía que dar a sus compañeros.

La sala que había en la entrada era un simple gimnasio: con un ring para hacer sparring, un tatami para las clases de artes marciales, diversas mesas son sillas para descansar, máquinas expendedoras de comida rápida y bebidas, una barra de bar, etc. A una señal pasó la mosca Puar por la entrada, mientras los dos luchadores pasaron por una puerta con dos señalizaciones: era el acceso para las escaleras de subida; también estaba prohibido el paso salvo permiso expreso. Permiso que el Maestro Tortuga y Yamcha sí tenían: de ellos mismos.

Cruzaron la puerta y encontraron: 5 débiles droides A-1; un par de respetables A-2; y a otro bastante impresionante, clavadito de cara a Arnold Swarzeneger, y que superaba en tamaño al gigantesco Kyo Jin, el primer rival de Chichi en el Budokai. Por lo visto su diseñador era fan de Terminator. La puerta de acceso cerró tras Mutenroshi y Yamcha al tiempo que sonó la señal de alarma.

Mientras acudía el acabado de despertar general White, el soldado al cargo de las cámaras de vigilancia de la Torre pensaba:
- ¡Je, je, je! No sé como habrán podido llegar hasta aquí, pero ahora lo tienen crudo. Difícilmente habrían podido derrotar al Sargento Metálico anteayer, que llevábamos más tiempo de la cuenta sin realizarle el mantenimiento, engrasado y carga de batería. Pero si ya costaba aguantarle el ritmo durante los minutos que le quedaban de batería, ahora en pleno funcionamiento ya ni de coña.

En la parte de abajo de la Torre, el Sargento Metálico dio la bienvenida a nuestros héroes:
- Buenas noches, intrusos. Las escaleras para subir están ahí. - Señaló. - Pero os aviso, yo ceno maestros de las artes marciales y ahora tengo hambre. Tranquilos, seré delicado.



- Buenas tardes. ¡Ya estoy aquíiiiiii!

Así de eufórica volvía Chichi a lo más alto de la Torre Celestial. Son Gohan y el Gato Ermitaño la miraban estupefactos: En parte porque sólo había tardado un día en bajar y subir, no los tres de su primer ascenso; lo que por otra parte sólo había sorprendido a Gohan, pues Karin ya sabía de antes el buen entrene que es el trepar torres altas. Pero también por la contradicción que había entre la radiante felicidad de Chichi; y su rostro repleto de cardenales, cortes y moratones. Habían aprovechado los breves descansos de sus propios entrenamientos para asomarse por la barandilla e inspeccionar el descenso de Chichi, bastante caótico y con constantes trompicones. Le preguntaron:

- ¿Se puede saber cómo has descendido?

- Claro. Como ya os dije antes de bajar, para perder el tiempo haciéndolo con la nube, pues mejor aprovechar para entrenar. Así que lo que he hecho ha sido: lanzarme al vacío, reteniendo mi caída con mi ki para frenar la caída; y como todavía no lo controlo lo suficientemente bien como para flotar en el aire, inevitablemente llegaba un momento en que tenía que agarrarme a los salientes de la torre. A veces lo hacía tiempo para frenar a la primera y poder repetir mi lanzamiento al vacío desde el principio; otras sólo me frenaba lo justo para perder algo de velocidad, con lo que mis manos se resbalaban y tenía que volverme a coger, de ahí mis cardenales. Y para desgracia mía, - aquí Chichi bajó un poco la cabeza- un par de veces no he podido frenarme ni así, con lo que he tenido que llamar a la nube; y a partir de ahí volver a repetir la caída libre. - Añadió recuperando su sonrisa.

Ambos maestros se quedaron con la boca abierta. Tras unos segundos, el Gato Ermitaño tomó la palabra:

- Bueno, bien hecho. La cuestión es que tu maestro Gohan ha superado mi prueba, así que hemos aprovechado para entrenar un poco juntos mientras subías.

En realidad la prueba era que el alumno, Gohan, tenía permiso para beber del agua milagrosa desde el principio, y la dificultad estribaba en que el maestro Karin iba a impedírselo a toda costa. Leyendo la mente de Gohan, Karin  dedujo que probablemente Gohan ya estaba por encima de él, así que para no arriesgarse a quedar mal delante de Chichi, le impuso a esta la prueba de repetir la subida. Y menos mal, Gohan consiguió el agua en menos de un minuto; Karín, desesperado, incluso probó a lanzar la botella al vacío, pero Gohan resultó ser capaz de volar.
A partir de ahí aprovecharon para ser Gohan quien entrenase un poco al ermitaño gatuno, quien hasta entonces sólo había conocido tres seres que lo superasen: el Todopoderoso, también llamado Kami-sama o sencillamente Dios; su criado, el Sr. Popó; y Piccolo Daimaoh, demonio alter ego del Todopoderoso. Y a otro que lo igualaba: el Maestro Tortuga, aunque a juzgar por lo que había leído en la mente de Gohan, este también le había superado. Y menos mal, con la amenaza de los guerreros del espacio, quizá todavía andaban cortos de fuerza.
Karín continuó:

- Que por cierto, esperaba que superases el tiempo de tu primer ascenso, pero aún así has sobrepasado mis expectativas. En cuanto a ti Gohan, debiste haber confiado más en ti mismo, y haber subido hasta aquí hace tiempo. Eso habría abreviado tu escalada de poder, y permitido alcanzar tu actual nivel incluso antes. Pero lo hecho, hecho está. Ahora mientras Chichi pasa la prueba para tomar el agua sagrada, tu subirás hacia el cielo. Casualmente para ello se necesita tu bastón mágico que se alarga, pues es lo que hay que poner en el tejado de mi casa para llegar. Una vez allí se te entrenará.
Una advertencia, -añadió con una artera sonrisa- arriba hallarás a alguien muy parecido a alguien a quien probablemente conozcas de algún antiguo grabado o mosaico, de los tiempos anteriores a la fotografía. No te asustes, no son la misma persona. Bueno, sí pero no.



El Maestro Tortuga le expuso su plan a Yamcha:
- Durante los primeros segundos te encargas de Terminator. Sólo entretenerlo. A mi señal, yo voy a por él y tú te pasas a los pequeños.
- ¿Qué? Vale.

Yamcha se interpone en el camino del Sargento Metálico, y esquiva varios golpes. Tras detectar una abertura en su guardia, salta para castigarla con sus Garras del Lobo. El coloso recibe daños en su rostro, pero aún puede aprovechar que Yamcha está en el aire para responder con un crochet, que pese a ser bloqueado por Yamcha, lo envía por los aires. Yamcha es estampado contra la pared y cae de bruces en el suelo. El terminator aumentado con lupa corre hacia él para pisotearlo, pero Mutenroshi aparece a tiempo para tumbar al coloso de una patada giratoria en la cabeza.

- Ahora ve a por los A-2. Yo me encargo de este.

Yamcha quedó estupefacto al ver que, en esos pocos segundos de combate, Mutenroshi ha destrozado a los cinco A-1. En cualquier caso, era un alivio enfrentarse a dos grandotes en lugar de a uno solo, pero mastodóntico. Así que fue directo a por ellos. El problema es que apenas tenía el nivel de uno, con los dos ni de coña, así que su única esperanza radicaba en que bastase con ganar tiempo, mientras Mutenroshi derrotaba al terminator ciclado. Suponiendo que pudiese con él, pues era ciclado sobre ciclado.

Terminator se levantó rápidamente, para lo que era él, pues su punto débil era su limitada velocidad. Para salvar Yamcha, Mutenroshi había tenido que pegarle rápido antes que fuerte. Afortunadamente él no necesitaba saltar para golpear alto, pues podía volar: así pues sus opciones de ataque no estaban tan limitadas como las de su pupilo. Esta vez lo que hizo fue, mientras su oponente se levantaba, cargar ki con sus puños, para apenas levantarse el coloso, cargar como una bala, con los puños por delante, hacia el estomago del coloso. Traspasándolo. Combate terminado.

Terminator se frenó un poco. Diversos arcos eléctricos rodearon su cuerpo metálico, pero pararon:

- Date por despedido. - Dijo mientras de una patada estampaba al confiado Mutenroshi contra la pared.
- ¡Ey, un respeto por los ancianos! - Contestó mientras se rehacía.- Dijiste que serías delicado.
- Mentí.
- Ahora verás ancianicida. ¡Kamehameha!

El Sargento Metálico quedó decapitado. Ya no podría soltar más paridas tipo héroe de peli de acción. El Maestro Tortuga añadió:
- Eso por imitar al de No es País para Viejos. Ahora a ayudar a Yamcha.

Pero aún tuvo que esquivar un puño volador, lanzado por el terminator medio desguazado. Mutenroshi evitó el daño directo, pero aún le alcanzó de refilón la onda expansiva, junto con algún cascote de la pared, lanzado por la explosión. El Sargento Metálico había perdido una mano, pero aún estaba operativo; de hecho se estaba lanzando al ataque. Pese a los daños, Mutenroshi se rehizo, se lanzó también él al ataca, y de una patada a ras del suelo barrió al Sargento Metálico haciéndole caer: aprovechando para subirse a su corba, para cogerle del nacimiento del gemelo mientras pisaba el muslo, y arrancarle media pierna de cuajo.

Yamcha sencillamente no podía con un par de droides tochos. Con uno la cosa ya estaría dudosa. Vamos, que el pobre estaba cobrando las del pulpo; pero no las de uno normal, sino las de un pulpo pequeñajo de Hong Kong, como el que salió en un programa de las "Guías Pilot. Trotamundos.", en los que una anciana china aturdía a un pobre pulpete, lanzándolo contra la mesa una y otra vez, para enrollarlo con un palo y zampárselo vivo.

Así que para poder, no ya ganar, sino aguantar más rato, que al fin y al cabo lo único que espera de él su nuevo maestro era darle tiempo, recurrió a nuevas armas: el iado y el kenjutsu.

Las katanas de duelo son espadas realmente afiladas, ideales para que apenas rozando poder herir oponentes sin armadura. Al fin y la cabo, en tiempos de paz la gente no suele ir por la calle vestidas con armatostes pesados y que dan demasiado calor.
Afortunadamente, la katana de Yamcha era una herencia de familia, su padre y su abuelo sólo la había, usado para practicar, pero su bisabuelo samurai la había utilizado en guerras. Por tanto era una katana de guerra, no tan afilada, pero de hoja más resistente y más difícil de romper contra oponentes con armadura. Y estos cacharros andantes eran todo armadura.

El kenjutsu es el arte de la esgrima japonesa. Como no todos los enemigos son tan gentiles como para permitirte sacar tus armas a tiempo (pelear es pelear), la práctica del kenjutsu suele completarse con la del iado: el arte del desenfundado rápido. Los espadachines de otras tierras no lo necesitan, al combinar el uso de la espada de una mano con una daga; pero la katana es a dos manos, por lo que agradece invertir un poco de tiempo en las katas del iado.

Yamcha estaba apañándoselas para en lugar de tener un droide delante y otro detrás, tenerlos a ambos por delante, aunque fuera en V. Su técnica de iado favorita era la más básica: desenfundar para con el mismo movimiento rajar las tripas del rival con un tajo horizontal, para a continuación atizarle un espadazo de arriba a abajo en todo el cráneo. Como el droide más cercano ya estaba lanzando un gancho de arriba a abajo, Yamcha desenfundó desplazándose hacia el lado contrario al otro droide; el tajo del desenfunde fue dirigido hacia arriba para frenarle la muñeca al droide; para a continuación darle el tajo vertical en el pecho, por ser el droide demasiado alto.

No le causó demasiado daño al bicharraco de metal, pero al menos con la katana podía parar más fácilmente los golpes de ambos trastos, y acompañar sus movimientos y desplazamientos con alguna patada. Quizá pudiese aguantar un lapso de tiempo.



El general Blue había sido encomendado a una misión de la mayor importancia. O al menos así se lo habían asegurado, aunque él no lo tenía tan claro. Los pilafianos habían saqueado lo poco que quedaba de valor del campamento provisional del General Silver, de quien habían dejado su cadáver a merced de los carroñeros. Por alguna razón el Dr. Gero consideraba útil su cuerpo para sus experimentos, aunque Blue consideraba que un general fracasado ante un anciano, un niño y una... puagh, mujer, de seguro que no podía ser útil para el proyecto del supersoldado del científico.

Afortunadamente para Blue, alguien había considerado que los muertos merecen un respeto, aunque sean los de enemigos. Silver estaba cubierto por una manta gruesa, que nadie le había arrebatado; tal vez por respeto, tal vez por aprensión a una manta usada para cubrir carne en descomposición. Lo importante era que los cuervos no se lo habían zampado. Blue sacó de una cápsula un recipiente refrigerado, de las adecuadas dimensiones, para introducir los restos de Silver, y a continuación volver a miniaturizar el recipiente.

Ya en el avión, mientras regresaba a su base recibió un aviso:

- General Blue. Aquí el General Black. Hemos detectado que la bola del dragón que buscaba Silver se está moviendo en dirección al palacio de Pilaf. Ahora le enviaremos una foto tomada de la nave usada para transportarla, por uno de nuestros satélites, junto con sus actuales coordenadas. Es más, acabamos de detectar que se aproxima hacia usted. De seguro que es la próxima nave que verá asomarse por el horizonte. A poder ser averigüe como lo han detectado, pues una expedición tan pequeña probablemente signifique un radar más preciso que el nuestro. Añada esta misión a la anterior.

Después de los chicos, el aseo personal, y la disciplina, lo que más le gustaba a Blue era la perspectiva de una buena dosis de acción. Por lo visto la misión no sería tan aburrida como esperaba.

- Así se hará, General Black.



Durante las peleas, Puar había bloqueado la puerta. Despertados unos por el ruido, otros por las alarmas, los soldados habían acudido a la torre. No se atrevían a entrar a la primera estancia por temor a recibir fuego amigo. No se atrevían los soldados, los centinelas A-1 sí, que al fin y al cabo podían ser sustituidos en sus puestos por humanos. Inicialmente, Puar había usado su forma de papel, para ir observando alternativamente a ambos lados de la puerta de entrada a la estancia. Una vez visto que sí había quien quería entrar, se introdujo dentro para transformarse en martillo y de un golpe al pulsador de la puerta, bloquearla. Por fortuna, para entonces los A-1 del interior ya había sido destruidos por el Maestro Tortuga, así que el riesgo de ser acribillado o aplastado sería mínimo mientras adoptase una forma discreta.

Mientras tanto, Mutenroshi desmembraba al duro que te rilas Sargento Metálico, tras lo cual por fin podría rescatar al pobre Yamcha. Quien se sostenía más por su fuerza de voluntad que por otra cosa; hasta el punto que los golpes recibidos, pese a la inapreciable ayuda de su katana, habían mermado su única ventaja sobre los A-2: una velocidad que inicialmente era algo mayor.

Mutenroshi estampó un A-2 contra la pared de una patada, pudiendo ahora aplicar al otro su técnica de la palma eléctrica. Mientras el de la pared se rehacía, Yamcha aprovechó para recuperar el aliento, y luego disponerse a pelear con él. Ahora bastante más desahogado. Una vez electrocutado el primero, entre Mutenroshi y Yamcha pudieron rematar el segundo rápidamente; sólo con golpes, energéticamente más económicos que la técnica eléctrica.



Al estar tan cerca del palacio de Pilaf, la propia Bulma tuvo la idea de aprovechar que el ex campamento de Silver les venía de paso, para buscar la bola del dragón en sus cercanías. No entendía como Pilaf, con todo lo taimado que era, no se había apresurado antes para tomar el campamento con sus propias tropas y buscar la bola para sí mismo. Ni tampoco el envío de sus nuevos luchadores a rescatar Oomori, lo que sí bien ella lo prefería, le extrañaba que semejante sabandija tuviese esa misma prioridad.

Tras la muerte de Mai todo cambió. A Bulma le había dado la impresión de que Pilaf hubiese aceptado enviar a otros a por la bola, mientras que Krilín y Shu, los mejores hombres disponibles a excepción de los rescatadores de Oomori, se ocuparan sólo de acompañarla para llegar segura a casa. Pero como dijo Bulma:

- Recoger la bola del dragón, y no dejarla en tierra de nadie, apenas retrasará mi vuelta a casa. Una vez me dejen allí, Shu y Krilín podrán ocuparse de buscar el resto de las bolas.

Algunas de ella estaban ubicadas en la sede del cuartel general de la Cinta Roja, otras esparcidas por el mundo, y otra desaparecida. Bulma confiaba en que se pudiese resolver el misterio de la séptima bola fantasma mientras se recogiesen las otras seis.



Al poco de hablar con su superior, el General Blue vislumbró el avión del trío. Carecía tanto de bazooka como de cualquier otro tipo de armamento pesado. Había partido para cumplir una misión discreta en la que debía evitar peleas, razón por la que viajaba en una pequeña nave civil aérea. De todos modos, un mortero supondría arriesgar las vidas de los tripulantes antes de tiempo; quería interrogarlos. Peor aún, supondría arriesgarse a destruir la bola del dragón, pues era sabido que eran resistentes, pero no si a prueba de bazookazos.

Afortunadamente, sus progresos de este año, gracias a entrenamiento con gravedad aumentada, le permitirían reducir los riesgos considerablemente. Y simplificarían la misión:
- ¡Rayo Azul!

Sus propios disparos eran algo menos potentes que un bazooka, pero más precisos: alcanzó a los enemigos en el ala, de modo que aún pudieron realizar un aterrizaje de emergencia.

- ¿Pero qué has hecho desgraciado? - Le gritó Bulma al salir de la nave destruida. - Bueno, un desgraciado bastante guapo, eso sí. - Añadió para sí.
- No eres el único que sabe hacer esas cosas. - Dijo Krilín. - Ahora verás. ¡Kamehameha!

Blue no se esperaba un ataque así de semejante enano repulsivo, con lo que no le dio tiempo a esquivarlo, sólo pudo bloquearlo. Le hizo daño, pero lo resistió perfectamente. El problema es que el kamehame de Krilín le estropeó su impoluto uniforme, le desarregló el cabello y le ensució todo de carbonilla:
- ¡Me has ensuciado! - Gritó furioso. - ¡Me las pagarás enano!

A Krilín le sorprendió un poco esa reacción, pero también se lanzó a la carga. Él había sido entrenado por el mítico Maestro Tortuga, no podía perder contra semejante metrosexual.

Blue resulta ser más rápido que Krilín. Así que consigue aprovechar su mayor longitud de piernas para encasquetarle una patada frontal en el plexo solar, seguida de un uppercut en la barbilla que lanza a Krilín a bastantes metros de altura y le envía su cuerpo bien lejos de allí. Krilín ha caído desplomado. Pelea terminada.

- ¿Ese enano fue de los que derrotaron al general Silver? No creía que Silver fuese tan inútil. Bien, si no queréis que os mate también a vosotros, ya me podéis ir dando vuestra bola del dragón. Y explicarme como la habéis encontrado tan fácilmente si no queréis que os torture. Como ya habréis averiguado, sabíamos que hay una bola por aquí, pero necesitamos una excavación exhaustiva para encontrar semejante aguja en el pajar del desierto. Vosotros habéis ido directos al grano, ¿cómo?

Bulma y Shu, se miraron asustados el uno al otro como para decidir que hacer. No eran héroes, la respuesta estaba clara.

- De acuerdo, te lo diremos si prometes no matarnos. ¡Júralo! - Pidió Bulma.
- Jurado. - Respondió Blue.
- Bien, tengo un radar portátil, que nos lleva directos a las bola del dragón y con gran precisión. Recuerda que has prometido no matarnos.
- Claro, claro. Ahora traédmelos y os dijera ir libre.
- Yo se lo doy, Bulma. - Dijo Shu, recogiendo tanto la bola como el radar.

Una vez Blue los recogió de Shu, les informó:
- Bueno, ahora que ya tengo la bola y el radar, tendré que mataros. Por lo menos os habéis ahorrado la tortura.
- ¿Cómo? ¡Mentiroso! - Gritaron Bulma y Shu.
- ¡Uy! Gracias. - Respondió Blue, ruborizado como una colegiala.
- ¡No espera! - Gritó Bulma. - No preferirías mantenerme viva y así poder salir conmigo, macizo. - Dijo insinuante.
- ¡Puagh! ¡No! Las mujeres me repugnan.
- ¡Aaaaah! ¡Es de Gayorros S.A! - Exclamaron los estupefactos Bulma y Shu.
- ¡Ya me habéis cabreado! ¡Os vais a enterar! ¡Tontos, más que tontos! - Vociferó Blue, a punto de estallar de ira.
- ¡No espere, señor! - Rogó Shu acuclillándose a las rodillas de Blue. - Déjenos suplicar por nuestra vida.
- Vale, eso sí. - Pensó Blue, divirtiéndose ante la idea de que le suplicaran y matarlos igualmente.

¡Plof! Tras una nube de humo el ninja Shu y Bulma desaparecieron de su vista. Blue estalló de cólera:
- ¡Malditooooos!

Pero tras el estallido reconsideró su situación. Se había hecho con el cadáver de Silver, la bola del dragón requerida, y con un utilísimo radar. Sólo había matado a uno de los tres malandrines, pero habiendo cumplido con todos los objetivos de la misión, podía tomárselo como que más que fallar con dos víctimas, había conseguido un asesinato extra.

- Mis superiores estarán satisfechos conmigo. - Se dijo sonriente, mientras regresaba con sus trofeos. Luego añadió. - Y que guapo soy.
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