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 KRILÍN, EL MAESTRO TORTUGA: 8- La leyenda del conejo en la Luna.

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Tserleg
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MensajeTema: KRILÍN, EL MAESTRO TORTUGA: 8- La leyenda del conejo en la Luna.   Lun Jul 11, 2016 9:38 am

CAPÍTULO 8 - LA LEYENDA DEL CONEJO EN LA LUNA


Green cogió la silla en la que estaba sentado, para de repente lanzársela al Jefe Conejo, al tiempo que saltaba hacia atrás y así poder dar la cara a todos los sicarios. Salvo el derribado Conejo, todo el mundo comenzó a ametrallarle, a lo que Green respondió parando las balas una a una. Las últimas siete no las dejó caer al suelo, sino que las recogió con la mano.

Una vez harto del juego, lanzó una bala a cada adversario. Los sicarios dejaron de disparar. El Jefe Conejo trató de cubrirse en vano, para también caer fulminado.

- Me parece que no podré contarle la leyenda. Lástima, es una historia realmente bonita.

A continuación, el Coronel Green se acercó al cadáver del capo mafioso y recogió la maleta que contenía la esfera del dragón. Lástima que Conejo, en realidad, sólo había sido herido en el brazo con el que se cubría. No le serviría de nada tocar la mano de Green por sus guantes blancos, así que disimuladamente metió su mano por debajo de la pernera de Green para tocar su pierna.



Son Gohan y Chichi por fin llegaron a lo más alto de la Torre de Babel, estoooo Celestial.

- ¡Uy! ¡Un gatito con un bastón! Se parece al Gato con Botas, que monooo. - Dijo Chichi disponiéndose a acariciarlo.
- ¡Aaaaaaaah! ¡Déjame en paz niña del demonio!
- ¡Uy! ¡La mascotita del Señor de la Torre sabe hablar! Que graciosa. ¡Ji, ji, ji, ji!
- ¡Aaargh! ¡Yo soy el Señor de la Torreeeee!

A partir de ahí Chichi se comportó como la niña educadita que era. Tras las presentaciones de rigor, el Gato Ermitaño, cuyo nombre de pila era Karin, les dijo:
- Esta bien, deseáis la fuerza que otorga el agua milagrosa. Pero, ¿por qué razón? - Karin, al ver que Gohan hacía ademán de abrir la boca le interrumpió. - No lo digáis en voz alta, será más alto si os limitáis a pensar en vuestras razones.

Tras unos instantes analizando a sus visitantes, el Gato Ermitaño prosiguió:
- Así que un extraterrestre matabebés os previno de la posible llegada de otros extraterrestres peores, que supuestamente aniquilarán la humanidad. No estoy completamente seguro ni de que ese alienígena dijera la verdad, aunque por su comportamiento diría que sí. Incluso en ese caso, tampoco está claro que los congéneres del bebé vayan a venir algún día y con esas intenciones. Pero si lo primero es cierto lo segundo se vuelve mucho más creíble. Me parece prudente vuestra decisión. Y digna de alabanza el hecho de sacrificaros tan duramente por un peligro imposible de confirmar. Aunque creyese que es todo un engaño del alien, lo que está claro es que vuestras intenciones sí son puras.
Cenaréis y dormiréis esta noche conmigo, necesitáis reposo. Mañana por la mañana os impondré una prueba a cada uno. La tuya, Chichi, será volver a bajar la Torre, y luego volver a subir. No me interrumpas. Por supuesto te daré provisiones, aunque estoy seguro de que te sobrarán, jejeje. La tuya, Gohan, te la diré apenas se marche Chichi. En su momento sabréis cada uno el porqué.



Al subir sus dedos por la pierna de Green, Conejo se percata de que este lleva calcetines largos.

Green reacciona como un relámpago, subiendo su pierna izquierda a la vez que la mueve también hacia fuera, para que la peligrosísima mano de Conejo se deslice para afuera. Al sentir como se desembaraza de ella, Green ahora baja su pierna para pisotear la muñeca de Conejo. No se agacha a golpearle por temor a que con la otra mano Conejo roce su rostro, la única parte desvestida de su cuerpo. El soldado patea al mafioso en las costillas con su  libre pierna derecha. Cuando le ha castigado lo suficiente se desplaza para poder patearlo una vez en la cabeza con la pierna izquierda, repite pisotón de muñeca con la izquierda y vuelve a las patadas.



Violet había informado al emperador Pilaf, y a sus nuevos hombres, acerca de la ubicación de Oomori, el ingeniero secuestrado. Se hallaba en un campamento al norte del Desierto del Diablo. La corte de Pilaf se hallaba en el sur. Un buen viaje, pero al menos había caminos razonables para el transporte de vehículos.

Pero como decía el Maestro Tortuga, viajar es un buen entrenamiento si lo haces por tus propios medios. El viaje hacia Pilaf Capital había sido en avión, sí. Pero tampoco era cosa de dejar nosecuanto tiempo en ascuas a una dama secuestrada, que encima estaba buena, y preocupada a su familia. En este otro viaje un avión no ayudaba tanto, pues no había aeropuertos cercanos al campamento objetivo; además no resultaba recomendable pasar por controles aduaneros controlados por el Ejército de la Cinta Roja.

El Maestro Tortuga corría hacia a toda velocidad hacia su destino, por los caminos y carreteras del desierto, y cargado con un caparazón de tortuga de 50 kilos y de Puar al lomo. Yamcha iba en bicicleta. De montaña en caminos pedregosos y de carrera en los bien asfaltados. Pero bicicletas de gama alta almacenadas en cápsulas Hoi-Poi. Aún así bastante sufría el pobre para ir al paso del anciano, que corría en lugar de volar para no sobreexplotar a su todavía no preparado nuevo discípulo. Levantarse de buena mañana, ir en bici a una velocidad de coche de rally, mantenerla durante todo el día, y parar sólo para comer y dormir; no es un entrenamiento tan de risa, por mucho que lo haga parecer el tener un anciano corredor al lado, con lastre en la espalda y pokemon en el hombro.

El viaje no servía sólo para entrenar, sino también para conocerse e intercambiar historias. Aquí una de Yamcha:

Normalmente habríamos robado a ese hombre el dinero y las cápsulas que pudiera llevar, y yo le habría dado una paliza en caso de resistirse. - El último comentario Yamcha lo narró bajando la cabeza. - Pero por alguna razón no pude. Quizá fuese su aspecto desesperado; o más bien de estar preocupado por otros antes que por sí mismo, pese a su situación, asaltado por un bandido en un desierto; o el hecho de pedirme ayuda cuando le estaba ofreciendo todo lo contrario; o el hecho de estar hastiado por una vida deshonesta, y estar aislado por culpa de mi propio miedo a las mujeres; o el de necesitar un nuevo giro en mi vida, e inconscientemente intuir que esta podría ser mi oportunidad. Pero el caso es que escuché al campesino al que pensaba asaltar.

De todos modos no llevaba gran cosa que robar. Esa era parte del problema, pero sólo la punta del iceberg. La razón de todo era un monstruo, llamado Oolong, que extorsionaba a su aldea. Era enorme y en cada ocasión en la que acudía al pueblo lo hacía con un aspecto diferente. Siempre uno terrorífico y de gran fuerza. El pueblo estaba en la ruina pese a una racha de buenas cosechas, pero lo peor no era eso. Sino el hecho de que ocasionalmente se llevaba a las niñas para hacerle compañía. - Mutenroshi hizo una mueca de asco, similar a la que mostraba Yamcha al relatárselo. - Por eso, desesperado y al ver que yo tenía aspecto de saber defenderme, me pidió ayuda. No pude negarme y acepté enfrentarme a Oolong, con idea de descubrir el paradero de las niñas desaparecidas, rescatarlas y terminar con las fechorías del engendro.

- Pero disculpa un momento, Yamcha. - Interrumpió Mutenroshi. - Tu tienes miedo a las mujeres, ¿te veías capaz de encontrarte con muchas a la vez?

¡No soy un pervertido! - Replicó Yamcha. - Tengo miedo a las mujeres precisamente porque me gustan, pero estamos hablando de niñas. Usted mismo tiene problemas de comportamiento con las chicas de a partir de cierta edad. - Yamcha es muy diplomático. - Pero aún así deja de ser peligroso con las chicas que no la alcanzan. Una cosa es ser un pervertido, otra lo otro.

El caso es que lo planeamos bien. El día que Oolong vino a recoger a la siguiente chica, encontrársela se la encontró, pero a nuestra manera. - Yamcha sonrió mirando a su amigo cambiaforma. - Mi vida de bandido me había forzado a adquirir ciertas dotes para el sigilo, que me vinieron de perlas para seguir al demonio gigante, vestido él con frac de boda. Al poco de salir del pueblo, confiado por tener a la "niña" atada; viene lo gracioso: Oolong adoptó su verdadera forma.

Un cerdito antropomorfo. Vestido, o más bien disfrazado, de militar vietnamita, con gorra y todo. Al igual que Puar, es un cambiaformas; por lo que puede tomar el aspecto que quiera durante cinco minutos consecutivos, para luego verse forzado a volver a su verdadero aspecto durante al menos uno. ¡Ah! Y al igual que Puar, su fuerza y resistencia no aumentan, sólo su velocidad. El caso es que apenas destransformarse Oolong, Puar también cambió: a un mazo para darle bien en la cocorota. Con ganas. No sólo por la necesidad de derrotar a un villano ruin, es que era personal: lo conocía de la escuela, y el tal Oolong abusaba y se metía con él de pequeños. De hecho la limitación de tiempo que sufre viene de eso: le expulsaron de la escuela por su conducta vandálica y pervertida. Por contra, Puar fue un niño muy bueno y aprendió a ser capaz de mantener sus metamorfosis indefinidamente.

Al grano, al final no tuve ni que pelear, sólo atarlo. Lo llevamos al pueblo, donde no tuvo más remedio que confesar sus delitos y el paradero de las niñas. Al verlo con un aspecto tan inofensivo, los propios aldeanos quedaron tan estupefactos que no pudieron enfadarse con él. Si las raptaba niñas, fue por ser él de su misma edad. Puar, que no le tiene ganas al cochinillo ni nada, lo vigiló bien durante el trayecto a su escondite. Una gran mansión escondida en las montañas; con unas niñas bien cuidadas y viviendo con todos los lujos, como estrellas de cine. Ni siquiera se alegraron de ser rescatadas, pues ahí tenían todo lo que querían sin necesidad de ayudar a sus padres en el campo. Otra razón por la que las prefería niñas: para que fueran inocentes y tardasen más tiempo en subírsele a la chepa. Y ahí sí, nos quedamos tan sorprendidos, que ni Puar se percató de cuando en un descuido Oolong aprovechó para polimorfarse y huir. Supongo que ahora vivirá de estafas a menor escala.



Estaba finalizando la tercera jornada de su travesía; cuando Mutenroshi, Yamcha y Puar divisaron el campamento donde Oomori estaba retenido en lo alto de una torre. El Maestro Tortuga expuso su plan:

- Según la información de Violet, este campamento está mucho mejor protegido que el anterior. Lógico, el anterior era un simple campamento provisional, con la idea de excavar unos días discretamente y largarse con velocidad en cuanto fuese necesario. Este es un campamento permanente, por si fuera poco en un punto estratégico. Aunque ambos bandos están protegidos por la tierra de nadie que es el Desierto del Diablo, las razzias no son raras.

Además de vigías humanos también cuentan con diversos droides A-1 con esa misma función. Dentro hay una mayor cantidad de soldados y armas. Y la torre. En su interior se hallan diversas instalaciones científicas y de I+D, razón por la que Oomori se encuentra aquí. Es un auténtico fortín, no ya por su mayor concentración de guardias, sino por sus trampas y por disponer de la mayoría de los robots más avanzados que existen. A su lado los A-1, e incluso los A-2, son simples antiguallas tecnológicas, sólo útiles como carne de cañón.

Un ataque frontal, como el que nos vimos forzados a hacer contra el campamento de Silver, sería tentar a la suerte y poner a prueba nuestra resistencia más allá de lo prudente. Así que tu, Puar, utilizarás tus habilidades de transformación para darte una vuelta por el campamento durante las horas que quedan de día. Yamcha y yo descansaremos mientras tanto. Al llegar la noche nos informarás de la disposición de los centinelas de los muros exteriores, tropas, almacenes, vigilancia de la torre propiamente dicha, etc. A mitad de la madrugada, Yamcha y yo asaltaremos por un punto débil y nos adentraremos todo lo posible sin que nos descubran. Debemos hacernos a la idea de que nos descubrirán tarde o temprano. Pero cuanto más tarde, menos rato estaremos soportando el acribillamiento, y con menor potencia de fuego. Luego avanzamos hasta llegar a Oomori, lo rescatamos y echamos a correr en plan mariquita el último. Por supuesto cubriéndolo lo mejor posible, pues él no es a prueba de balas.



Cuenta una antigua leyenda japonesa:

Un anciano vagabundo se encontró con un mono, un zorro y un conejo que estarían jugando a las cartas, viendo la tele o lo que sea que hagan animales tan dispares cuando se reúnen en el bosque.
- Por favor, ayudadme. Me muero de hambre.

Como los animalitos eran buenas personas, estooo animales, salieron pitando a buscarle comida. El mono le bajó unas frutas de los árboles. El zorro le pescó una sabrosa trucha. Pero el pobre conejito no encontró nada que valiera la pena. Como sus compañeros todavía estaban de camino con sus respectivas cenas, el ignorante conejito, para salvar al pobre anciano de una cruel muerte por inanición, decidió inmolarse él mismo en una hoguera.

Las versiones que me han contado difieren y no tengo ni idea de cual es la verdadera. En una el anciano tuvo reflejos para evitar el socarramiento del conejito. En la otra no. Ambas coinciden en que el anciano vagabundo resultó ser un dios que en agradecimiento por su bondad plasmó la figura del conejito en la Luna. Por eso la parte más oscura de su cara visible tiene aspecto de conejo, si le echas imaginación, claro. En la versión bonita además se lo llevó a la Luna para que viviera con él maravillosamente.

Green estaba sosteniendo las orejas del apalizado Conejo con la mano izquierda, todavía pisándole la muñeca con su pie derecho. Mientras tenía su enguantada mano derecha preparada por si Conejo todavía estaba vivo e intentaba sorprenderle. La verdad es que dudaba mucho que alguien pudiese estar vivo tras semejante tunda, pero aferrándose a la esperanza de que pudiese oírle le había narrado el cuento del Conejo y la Luna. Green clavó sus ojos saltones en los rotos cristales de las gafas de sol de Conejo, tras las que se adivinaban unos ojos inertes y vidriosos. Green siguió:

- La cuestión es que el conejito bueno como premio fue estampado en la Luna. Pero tu has sido maleducado conmigo desde el principio. No sólo has incumplido tu palabra, sino que además me has tratado como si fuera insignificante. Además has tratado de humillarme transformándome en zanahoria. Tu has sido malo y también vas a ser estampado, pero contra el suelo.

Tras aplastar de un pisotón la cabeza del cadáver contra el suelo, Green saltó por la ventana de ese tercer piso. Sus poderosas ancas hicieron de esa caída algo trivial. Y Green se marchó caminando tranquilamente con el dinero y con la bola del dragón.
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KRILÍN, EL MAESTRO TORTUGA: 8- La leyenda del conejo en la Luna.

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