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 Anticaos 2 - El frente

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Satsuki Momoi
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27122014
MensajeAnticaos 2 - El frente

Parte 1: El clan.

Se dirigieron a las afueras. Kard pidió a Yublun que se adelantara. Su velocidad sorprendió a Sagria.

Yublun estaba peleando contra su rival, o más bien era su rival el que tenía la situación bajo control. Yublun ni siquiera podía acercarse un poco ante sus poderosos ataques.

—¡Vais a tener que distraerle un poco! —dijo Yublun.
—Bueno, no vamos a seguir perdiendo tiempo, acabemos con esto ya —dijo Kard—. Sagria, mantenlo lejos.

Sagria disparó unas flechas explosivas que impidieron acercarse a Zobat. Kard se interpuso ante él. Sus puñetazos eran feroces pero podía pararlos con su espada. Yublun, aprovechando su distracción, en pocos pasos alcanzó a Zobat en el costado. Rígido por la descarga, se desmayó y cayó al suelo.

—Yo mismo lo llevaré a los curanderos.

Yublun cogió a Zobat en brazos y se adentró de nuevo en Irisia. Sagria, Kard y Violene se quedaron a solas.

—¿De qué os conocéis? —Quiso saber Violene.
—¿Nosotros? Nos conocimos justo ayer.

Algo vio Sagria en aquellos chicos. Su manera de actuar no era normal para un clan. Quizá es porque eran valientes, o tal vez poco conscientes. Y sin embargo les daba resultado ¿Por cuántas batallas habían pasado exactamente para pelear así? Quería ver mucho más. No parecía que hubieran perdido a uno de los suyos en el pasado. ¿Qué pasaría entonces si uno de ellos fuera consumido por el caos?

Más tarde, todos fueron a visitar a Haorán y Zobat, que estaban en proceso de recuperación. Ambos habían sobrevivido a su incidente y estaban fuera de peligro.

Se hizo de noche, y sólo Kard y Sagria permanecían junto a los afectados. Sagria había estado buscando ese momento para hablar a solas con Kard.

—Oye Kard. ¿Y si te digo que me interesa formar parte de tu clan?
—Qué sorpresa. Pensaba que eras de los que prefieren ir en solitario. Eres bienvenida. No me importa por qué motivo sea, me alegro de contar contigo.

Zobat despertó.

—Estoy... Estoy bien. —Zobat los miró. Pareció reconocer sus caras.
—Sí, ya estás bien. No tienes de qué preocuparte —dijo Kard.
—Esto es... Pero esto es increíble. ¿Cómo es posible?
—Es normal que estés confundido.
—No, no estoy confundido. ¡Era yo! ¡Lo sé! Era yo el que quería destruir el Een, no el caos. Yo era el caos.
—Lo sabemos. Pero ya estás bien.
—Pero soy un Guardia del Een. ¿No veis lo que he hecho? He estado muy cerca del Een, podría haberlo destruido otra vez. ¡Después de 1200 años! Hubiera sido nuestra perdición.
—Zobat, mírame. ¿Tienes miedo? ¿Por lo que ha pasado? ¿De estar a unos metros de condenar a la humanidad para siempre?
—¿Qué dices? No tengo miedo. Tengo un profundo arrepentimiento, de no tener lo que hay que tener para vengar a las personas que me importan. De todas maneras, creo que no es asunto tuyo.
—Hay una persona importante para mí en la misma situación que tú. Tengo que rescatarla y acabar con el caos de una vez. Si quieres vengarte puedes venir conmigo.
—¿Sabes que no eres ni el primero ni el último que dice esas mismas palabras?
—Ahora mismo seguro que soy el último.
—Hay que estar loco para creer que puedes ir al frente y acabar con el caos.
—Yo sí lo estoy —dijo Sagria.

Zobat se mostró pensativo, como si Sagria le hubiera recordado algo.

—Vale, qué demonios. Me da igual mientras pueda destrozar a unos cuantos monstruos. He sido corrompido. Ya no me importa nada.
—¿Dejarás de ser un Guardia del Een entonces? —le preguntó Sagria.
—Es evidente. No sirvo para proteger el Een. No soy como ella —dijo refiriéndose a Haorán—, ella vale mucho más que yo. —Hizo una pausa, mientras la veía dormir—. ¿Estará bien, verdad?
—Lo está —respondió Kard—. También vendrá con nosotros. Partiremos a Esperanza en cuanto se recupere. Mañana, si es posible.
—Kard —dijo Sagria—, ¿cómo se llama tu hermana?
—Eserd.

Zobat y Sagria reaccionaron con incredulidad. Pensaron que era una broma, pero tenía sentido. Eserd, una de las mejores luchadoras de Semilla, miembro de los Guardianes Rojos. Había sido caotizada, y su valiente hermano pequeño iría a la misma zona del frente a rescatarla.

Por la mañana, el cielo lucía muy claro y despejado, lo que animaba bastante los intranquilos corazones de los integrantes del clan. Kard pasó primero por la Torre Irisia a dejar algunos fragmentos del Een que había reunido su clan. Pudo ver a dos personas que, como era habitual, trabajaban por turnos día y noche con otras parejas para restaurar el Orbe Een.

Haorán no tenía más remedio que evitar hacer esfuerzos. Kard podría pensar que le está exigiendo demasiado al obligarla a que los acompañe en tan mal estado, pero sabía que era fuerte mentalmente, al igual que todos los que venían con él.

Estaban todos en la estación. Había llegado el vagón de la línea que conectaba Irisia y Esperanza que, como siempre, viajaba vacío. Seis personas lo ocuparon entonces. El clan Anticaos estaba listo para llegar a Esperanza.



Parte 2: Reconocimiento en Esperanza

Fue un trayecto corto y tranquilo. Esperanza era una ciudad con muy pocos residentes, sólo los suficientes para ser llamada ciudad. Allí se encontraba la Posada Gruta, el edificio más grande de Semilla, donde se hospedaban los luchadores o clanes que pasaban por la ciudad. Contaba con largos pasillos de habitaciones, salas comunes y comedores. Mientras dejaban a los demás descansar en la posada, Kard y Sagria pudieron ir a contactar a la Asamblea de Clanes.

—¡Esperad! ¡Yo también voy! —dijo Violene.
—No hace falta, puedes quedarte aquí con los demás —dijo Kard.
—¿Por qué no puedo ir yo?
—Puedes ir, aunque Sagria y yo somos suficientes.
—Iré.

Así, Violene también los acompañó a la Cámara de la Asamblea. Sagria habló con el recepcionista para pedir audiencia con un conocido suyo, llamado Sira. Una vez que supieron dónde estaba, se dirigieron a su despacho. Sagria dejó que Kard expusiera el problema.

—La Asamblea aprobó nuestra petición de ir al frente, sin embargo, nuestra prueba de reconocimiento es dentro de dos días. Dada la situación en la que está mi hermana, nos gustaría servir de ayuda en el frente para recuperarla antes de que sea demasiado tarde. Por eso nos gustaría adelantar el reconocimiento, si es posible, para esta tarde.
—Entiendo el problema, sí —dijo Sira pensativo—. Estaría de acuerdo en adelantar el horario para el reconocimiento, aunque puede ser problemático reunir a todos los dirigentes del consejo superior para hoy mismo, quizá no lo consiga.
—Nos gustaría que lo intentara.
—Bueno, si son Sagria y Eserd las que están involucradas, seguro que colaborarán encantados. Yo me encargaré de todos los trámites.

Regresaron a la posada, pero no pasó mucho tiempo hasta que fueron convocados por la Asamblea. Ahora se daban cuenta de que si de verdad querían llegar al frente, no podían cometer ningún error. Pero estaban preparados para eso.

La Asamblea de Clanes era una pequeña asociación compuesta por todos los miembros de clanes, cuya sede estaba en Esperanza. Contaba con un consejo mayor que reunía a portavoces y líderes reconocidos de diferentes clanes. A través de pruebas de reconocimiento, los clanes podían ser evaluados por el consejo mayor para redefinir su estado o lugar de acción.

Les citaron al pie de Oreja de Piedra, una peligrosa montaña muy cercana a Esperanza con un sendero ascendente en forma de oreja, donde solía ser habitual realizar los reconocimientos.

Sólo tardaron media hora en llegar al lugar, donde los miembros del consejo ya habían tomado posiciones. Una vez que se presentaron, permanecieron atentos, y Widil, uno de los portavoces del consejo, les explicó en qué consistiría esta vez.

—Hay un imán escondido en el interior de la Oreja. Tenéis diez minutos para traer el imán hasta aquí, aunque como sabéis, necesitaremos ver algo más, para poder confiar en vosotros en el frente. Podéis comenzar cuando queráis, cuando esteis listos.
—Oye Kard —dijo Haorán—, sabes que si tú quieres, puedo participar en la prueba.
—Lo sé, pero no hace falta, entre los cinco estaremos bien.

Haorán entonces se hizo a un lado para unirse a los espectadores. Los cinco luchadores formaron un corro y Kard empezó a dar instrucciones.

—Bueno, esto es fácil, será ida y vuelta por el mismo camino. Como siempre, yo seré atacante, Yublun portador y Violene escolta. Sagria, tú debes hacer un buen papel como tiradora. Zobat, tú tendrás que ocupar el lugar de Haorán en la defensa. En este caso, tendrás que asegurarte de proteger la retaguardia y de que podamos regresar aquí rápidamente por el mismo camino.
—Vale.
—Violene y yo elegiremos la ruta, sólo tenemos que seguir el ritmo para abrirnos paso. En cuanto tengamos la más mínima señal del imán, Violene y Yublun os lanzaréis a por él y luego tendremos que salir de ahí más rápido que un vagón. Es así de sencillo.

Asintieron. Estaban más que listos. Widil les dirigió la mirada y asintió también.

El grupo echó a correr por el sendero de piedra. Kard enseguida se dio cuenta de que si la pendiente seguía aumentando, con ese terreno inestable podrían agotarse antes de lo normal. Entonces sólo tendrían que darse más prisa.

Quedaron rodeados de piedra y el camino empezó a desvanecerse. Kard trazaba la ruta zigzagueando entre las rocas. Zobat apenas se dio cuenta de que habían aparecido monstruos porque Kard los mataba sin perder velocidad.

Llegaron a un pequeño llano donde los monstruos podían verles con facilidad. Los rodearon sin dejarles avanzar. El grupo luchó por deshacerse de ellos, Sagria mataba a los monstruos uno a uno en todas direcciones, ayudando a mantener la distancia, pero no dejaban de aparecer. Sagria y Zobat decidieron quedarse en el llano para retener a los monstruos.

Mientras tanto, el grupo al frente divisó el imán. Estaba dentro de un nido de dorados en la parte profunda del centro de la montaña. El nido estaba vacío y las paredes de piedra estaban dispuestas casi en vertical. Pero no era problema para Yublun, que pudo bajar saltando ágilmente entre las paredes. Cogió el imán y saltó a la nube de aura que invocó Violene para traerlo de vuelta.

Como era de esperar, el imán debía contener algún tipo de magia para atraer monstruos, ya que se les volvieron a echar encima. Kard se vio obligado a pararse para contenerlos, ya que si todos alcanzaban a Violene y Yublun, estarían en problemas. Mientras ellos se concentrasen en perseguir a Yublun, Kard podría concentrarse en matarlos. Pero esta no era la primera vez que Kard se ponía tan en riesgo a sí mismo, así que Violene decidió quedarse junto a él.

—¡Violene! ¿¡Qué haces!? ¡No puedes dejar sólo a Yublun!
—Pero ahora tengo que protegerte a ti. Soy escolta y eso es lo que hago.
—Y yo soy atacante, y distraer al enemigo es lo que hago.
—Si mueres, ¿para qué estoy entonces?
—No lo entiendes. Nuestro objetivo es hacer que nuestro portador llegue a salvo a la base. Todo lo que hacemos es por él. Además, no voy a morir por esto. Pero ya que estás aquí, préstame un poco de mágia.

Violene canalizó un poco de magia hacia Kard. Dio un increíble golpe a las rocas al lado del camino, que aplastaron a algunos monstruos y bloquearon el camino.



Parte 3: Kailow

—Qué está pasando... ¿Qué?

Kard recuperó la consciencia. Estaba tumbado junto a los demás al pie de la Oreja de Piedra.

—Usaste demasiada magia en aquellas rocas —dijo Violene—. Te forzaste mucho.
—¿Ya se encuentra bien? —preguntó Widil.
—Sí —respondió Kard—. ¿Cuánto tiempo llevo así?
—Casi nada. Acabamos de llegar —dijo Violene.

Tenía razón. Pudo ver que todavía no habían recuperado el aliento. Nadie parecía tener heridas. Yublun estaba sentado con la caja en su regazo. Parecía que habían pasado el reconocimiento. Pero lo importante realmente es si les dejarían ir al frente. No importaba si habían tenido éxito, la Asamblea era la que dictaminaba la decisión final.

—Esto ha sido sorprendente —dijo Widil—. Cinco personas en menos de cinco minutos, un nuevo récord.

Se suponía que aquella prueba estaba hecha para que diez personas no pudieran bajar de los cinco minutos. Todos se miraban, habían batido un récord, el consejo no podía ignorar ese hecho. Uno a uno, los miembros del consejo daban su aprobación. Yublun se alegró tanto que inconscientemente tiró el imán al suelo, siendo lo más cerca que tenía a mano, y casi lo rompe. Haorán, que usualmente se comportaba de manera tímida, miró al cielo y gritó de alegría. Porque lo habían conseguido. Por fin.

—Violene, ¿has tenido que cargar conmigo? —preguntó Kard.
—No. Zobat vino a hacer eso.
—Maté a todos los monstruos que quedaron en el camino y no sabía qué más hacer. —Zobat le miró muy serio—. ¿Sabes qué? Te huele un poco el culo.

Aquella noche estuvo llena de risas y bromas. Todos durmieron con los mejores sueños. Pudieron olvidarse de la plaga, del miedo y del caos. Entonces, eran sólo un grupo de luchadores que lo habían dado todo.

Cuando despertaron el día siguiente, estaban convencidos de que al llegar al frente, nada los podría detener. Se dirigieron a una pequeña aldea cercana a Esperanza, en la que estaba ubicada la estación de vagón que conectaba una linea entre el sur y el frente.

Sin embargo ocurría algo extraño. La aldea estaba siendo atacada por dorados. Eran personas normales las que se defendían de las bestias. Había un dorado fuera de lo común, medía tres veces más que uno normal. En seguida, el grupo los combatió y los eliminó, pero eran incapaces de atravesar el caparazón del dorado grande. El dorado atacó con sus garras. Kard intentó pararlo con su espada, pero la inmensa fuerza de la bestia le arrastro por los suelos.

—Ya sé lo que pasa —dijo Kard—. Es un dorado caotizado. No sabía que las bestias también podían transformarse en monstruos.
—Bajo los brazos —señaló Sagria—. Tenéis que darle bajo los brazos, donde su caparazón es más débil.

Violene conjuró luces chispeantes que hicieron atravesar los brazos del monstruo. Ya no podía moverlos.

—Le he dejado sin brazos, ¿pero ahora qué?
—Por favor apartaos.

Un chico apareció. Llevaba lo que parecía ser un lanzamisiles. Apuntó con él al monstruo y disparó una gran luz. El caparazón dorado del monstruo se había ennegrecido. Parecía que el ataque había tenido éxito. Disparó una segunda vez en el mismo lugar. Zobat finalmente acabo con él atravesándolo.

—¡Funciona! ¡Bien!
—¿Quién eres? —le preguntó Zobat.
—Me llamo Kailow. ¿Quiénes sois vosotros?
—El clan Anticaos —respondió Kard.
—No me suena.
—¿No tenéis a nadie aquí que os proteja de la plaga?
—No. No nos atacan muy a menudo. Y sabemos defendernos sólos. Además, con este cañón que hemos construido mi abuelo y yo creo que no tendremos que preocuparnos de la plaga nunca más.
—Lo que has disparado con ese cañón, ¿qué es exactamente?
—Energía canalizada por magia.
—Así que eres un luchador.
—No, sólo sé usar ésto.
—Nosotros ahora vamos al frente. ¿Nunca has pensado en luchar en el frente?
—No, la verdad es que no, ni me interesa la idea.
—¿Por qué no?
—Porque no. Buena suerte.

Kailow se fue.

—Aunque diga que no les suelen atacar mucho —dijo Yublun—, no tener protección contra bestias o monstruos es un gran riesgo.
—Es posible que con nuestra intrusión de ayer las hayamos provocado —puntualizó Haorán.
—Por eso no le interesa nada que no tenga que ver con esta aldea, porque él es el único que puede proteger su hogar —dijo Zobat.
—No hay nada que hacer entonces. Lo mejor es que sigamos adelante —dijo Kard.

Llegaron finalmente a la estación. El monitor de vagón estaba esperándolos. Gracias al sistema de su consola, los reconoció rápidamente como miembros del clan Anticaos y, por tanto, como personas autorizadas para realizar el viaje.

—El vagón aún tardará unos minutos en llegar —dijo el monitor—. El viaje hasta el final de la linea dura unas nueve horas, pero contaréis con todas las comodidades. Viajaréis solos así que no habrá paradas. Sólo hay un pequeño detalle. Cuando lleguéis al ecuador del planeta, al menos uno de vosotros tendrá que canalizar su magia a las barras de los asientos. Esto es para proteger al vagón de las turbulencias.
—Hay algo que siempre me he preguntado —dijo Yublun—. Si el viento es tan fuerte en el ecuador, ¿por qué el vagón no reduce la velocidad simplemente?
—Porque eso no es suficiente. El viento sopla desde el oeste.



Parte 4: Deber

La aldea entró en pánico. Para cuando el grupo regresó allí, encontraron gente gravemente herida

—Kard, no tenemos mucho tiempo. El vagón puede llegar en cualquier momento.

Kailow pasó ante ellos con su cañón preparado para combatir la amenaza.

—¿Qué ha pasado, Kailow?
—No sé. Creo que alguien ha sido caotizado. Esto es muy malo.

La figura se presentó. Kailow disparó su cañón pero el enemigo lo esquivó sin esfuerzo. Kailow disparó una segunda vez y velozmente lo evadió.

—No puedo darle. Espera, es Joldy.
—Déjanoslo a nosotros —dijo Yublun—. Tenemos paralizantes.
—Vamos a rodearla —ordenó Kard.

Joldy era rápida, pero los movimientos y distracciones previamente ensayados del clan hicieron que quedase rodeada en segundos. Turnaron sus ataques para distraerla, y antes de que se diera cuenta, Yublun consiguió paralizarla. Rápidamente, un par de personas acudieron urgentemente a llevársela

—Gracias, os debo una —dijo Kailow, bastante aliviado.
—¿Qué habrías hecho si no hubiéramos estado nosotros? —le preguntó Zobat en tono enfadado.
—No sé qué podría haber hecho, estaba consumida por el caos, eso no nos pasa casi nunca. Pero es muy extraño que le haya pasado a Joldy, precisamente a ella.
—Pero disparaste dos veces con tu cañón —señaló Haorán—, y no le diste.
—Podría haber usado el otro lado del cañón, que tiene cadencia rápida, pero no quería hacerle daño a Joldy. —Se paró a pensar un poco—. Lo sé, no es suficiente, ¿pero qué más puedo hacer?
—Hay una cosa —dijo Kard—. Tu cañón es bastante potente. Nos sería de mucha ayuda en el frente.
—Pero no puedo dároslo, mi abuelo y yo lo hemos estado construyendo durante años para poder protegernos.
—No es eso. Quiero que vengas con nosotros al frente.
—No puedo hacer eso. No puedo abandonar a mi gente.
—Tampoco puedes salvarlos si te quedas. —dijo Violene—. Ésto volverá a ocurrir, una y otra vez. El caos es impredecible.
—De todas maneras tendré que pensármelo —dijo Kailow.
—Lo siento —dijo Kard—, pero no vas a tener tiempo para eso. Nosotros debemos marcharnos ya. Si vienes sólo puede ser ahora.
—¿Sin despedirme? Es demasiado. Nunca he necesitado irme de aquí. Y por supuesto tampoco creo vosotros podáis acabar con el caos después de años estancados en el mismo lugar.
—Por supuesto, no importa. Ya nos vamos.

El vagón llegó a la estación y se puso en marcha de nuevo, con todo el clan dentro. Por suerte pudieron cogerlo a tiempo.

—Entonces, ¿por qué has venido con nosotros al final? —preguntó Kard.
—Porque puedo ayudaros, ¿no? —respondió Kailow—. Quiero acabar con esto. Si hay una oportunidad de hacerlo, no tengo opción. Quiero acabar con esto.
—Seguro que ha sido una decisión muy difícil y muy precipitada —dijo Violene—. Pero no te preocupes, puedes contar con nosotros.
—Ni siquiera fui a ver cómo estaba Joldy...

El vagón ahora iba tan rápido que no podían distinguirse las formas en el paisaje, sólo los colores, a excepción de las montañas en la lejanía.

—Dejad que os pregunte algo —dijo Kailow—. ¿Alguno de vosotros ha estado en el frente?

Se miraron. Nadie antes había estado.

—Sólo yo. —dijo Sagria.
—Bien, pues, ¿cómo es?
—Duro. Aquello es la guerra. A veces te vuelves loco. Cuanto más tiempo pasa, más difícil es recordar cómo eran las cosas antes de llegar ahí. Tus compañeros mueren cuando menos te lo esperas, o simplemente no pueden aguantar más y se dejan consumir por el caos. —Dio un suspiro—. Es difícil encontrar fragmentos en el frente y tienes la sensación de que nunca avanzas, de que la lucha no sirve para nada. Ahora mucha gente cree que ir al frente sólo sirve para contener a la plaga, pero la verdad es que es imposible seguir avanzando más allá.
—Lo sabía —dijo Kailow—. Sabía que realmente era así.
—Pues eso era exactamente lo que me esperaba —dijo Haorán—. ¡Pero quiero sentirlo yo misma! ¡No puedo aguantar más para poner el pie allí!
—No te excites tanto —bromeó Yublun.

La situación era dramática. Pero esos chicos hablaban como si pudieran destrozar a cualquier cosa. Desde luego eran mucho más fuertes que él, pero acabar con el caos parecía una idea abstracta. Sin embargo, sentía que cuando llegasen al frente las cosas iban a salir bien.

—Hay una cosa que no entiendo —dijo Kailow—. Si todos los monstruos proceden de humanos, ¿por qué hay tantos? No tiene sentido, se acabarían alguna vez, incluso aunque no los matáramos deberían morirse con el paso de los años.
—Nadie lo sabe. —dijo Sagria—. Sólo podemos suponer que pueden reproducirse de alguna forma.

Kailow miró su cañón y su acabado en blanco. Sabía que el blanco era la mejor opción. La hacía parecer una arma pura, honorable. Con ella iba a luchar contra el mayor mal. Cruzaba el planeta a toda velocidad con un arma que esperaba traer tiempos más civilizados.


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